Parasha
VaEra
¿PUEDE SER CONVINCENTE UNA SEÑAL?
Por Nejama Leibowitz
Cuando
os hablare el Faraón y dijere:
“Mostrad
en favor vuestro un milagro”,
entonces
dirás a Aharón: “Toma tu vara,
y
échala delante del Faraón,
y
se tornará cocodrilo.”
Shemot 7, 9
Estas fueron las
instrucciones que Moshé recibió antes de su segunda entrevista con el Faraón.
Recordemos que en la primera vez se presentaron ante él (ibid. 5, 1) sin
proponerle señal o maravilla alguna, sólo invocaron el nombre “del Eterno, el
Dios de Israel” y le plantearon Su exigencia: “Deja ir a Mi pueblo”. Atónitos
ante la respuesta del Faraón: “No conozco a ese Eterno, ni tampoco dejaré ir a
Israel”, no supieron qué responderle. El Faraón reaccionó haciendo más pesado
aún el yugo, agravando la esclavitud y la crueldad. Esta vez aparecerán, por
segunda vez, los emisarios del Eterno y propondrán señales y milagros. Pero,
¿está acaso interesado el Faraón en señal alguna? Objetando al respecto
Abravanel:
¿Para
qué les pedirá el Faraón tal prueba? Puesto que ya vimos que no quiso
escucharles ni ver sus milagros, como les dijo (en la primera entrevista): “Id
a vuestras cargas”. ¿Cómo es entonces que les dijo el Señor: “Cuando les
hablare el Faraón” y os pidiese “mostrad en favor vuestro un milagro”? Como si
estuviera interesado en ello.
En realidad la
pregunta es más grave aún. Comparemos este caso con la actitud de Ajaz, rey de
Yehuda, al negarse a recibir la señal que le propuso Yeshaya como prueba del
cumplimiento de la promesa de Dios. En el Midrash Tanjuma, párrafo 92, parashá
Vayetze, leemos el siguiente comentario:
Díjole Yeshaya (7,
11): “Pide para tí una señal de parte del Señor, tu Dios; en lo profundo
pídela” – que resuciten los muertos – “o en lo alto arriba” – que descienda
Eliyahu del cielo. Respondióle Ajaz: “Yo sé que puede hacerlo, pero no quiero
que se glorifique por mi mano el nombre del Señor”. Así fue dicho: “No (la)
pediré, ni tentaré al Señor” (ibid. 7, 12).
Si Ajaz, rey
de Yehuda, fue capaz de conducirse así, con más razón aún era de esperar tal
conducta del Faraón, rey de Egipto. ¿Acaso él sí estaría interesado que se
glorifique el nombre del Señor por su mano; y que se demuestre el poder del
Creador ante los ojos de todos sus sabios y hechiceros, por medio de señales y
milagros?
Nos parece
acertada la opinión de los comentaristas que sostienen que el Faraón estaba muy
seguro que estos dos ancianos extranjeros no fueron ni serían capaces de
mostrar señal alguna. Precisamente, por esto motivo, les exigiría una señal.
Pasemos revista a los acontecimientos ocurridos entre la primera entrevista (5,
1-4) y la segunda. Agravóse el yugo de la esclavitud, aumentaron y agravaron
sus sufrimientos; los capataces de entre los hijos de Israel, viendo a sus
hermanos en desgracia se dirigieron al Faraón para implorarle piedad para ellos
y para sus hermanos. Pero como sus ruegos no tuvieron éxito, se dirigieron a
Moshé y a Aharón viendo en ellos – no en el Faraón – la causa de sus
sufrimientos. Puesto que fueron ellos los que irritaron al Faraón, con sus
entrevistas desprestigiaron al pueblo a sus ojos; también fueron ellos la causa
de la intensificación de las desgracias. El Faraón había conseguido su
propósito. La ira de los sojuzgados ya no se dirigirá contra él, sino contra
sus propios dirigentes. La agravación del decreto no aumentó el odio hacia él,
sino que creó en el corazón del pueblo la desconfianza y hasta el descontento
contra sus dirigentes. Ahora sólo resta hacer pública la vergüenza de estos
dos. Es necesario demostrar su total impotencia, e inmediatamente estos dos
ancianos quedarán aislados y expuestos al escarnio, no sólo de los hechiceros y
sabios, sino también de su propio pueblo. Por eso diría el Faraón:
“Mostrad
en favor vuestro un milagro.” 7, 9
No diría –
como es habitual – “mostradme (a mí) un milagro” (como por ejemplo leemos [Devarim
13, 2]: “Si se levantare en medio de tí profeta … que te propusiere (a
ti) una señal o maravilla”), pues él mismo no necesitaba señal alguna, el sabía
por anticipado que no hay nada serio en su misión. Pero dijo: ¿Quieren Uds.
Mostrar vuestro poder?, como no. Mostrad en favor vuestro un milagro, y
veremos.
Alshej,
que acostumbra interpretar el término lémor como indicación que lo que
se dice se ha de transmitir a otros, se encuentra en aprietos para explicar la expresión lémor
que figura aquí. Lo habitual es explicado – según Alshej – como por
ejemplo en el versículo tan comun en la Torá: “Y habló el Señor a Moshé, (‘lémor’=) diciendo”;
es decir, para que Moshé lo transmita a su vez a los hijos de Israel. Pero
aquí, en el verso: “Cuando os hablare el Faraón (‘lémor’=) y dijere …”, explicó de la
siguiente manera:
Dijo: “lémor”. Puesto
que el Faraón no les iba a pedir un milagro, para que le merezcan fe, sino para
poder hablar después en contra de ellos, cuando todos verían que no pueden
realizar milagro alguno. Este es el sentido de “lémor” aquí: cuando el
Faraón diga “mostrad en favor vuestro un milagro”, lo hará con la intención de
poder decir sus argumentos en vuestra contra, no para creerles.
Y debido a que
esta señal infligirá un golpe decisivo al Faraón, y no ha de servir para la
sola demostración de la veracidad de la misión encomendada, se ordenó la
demostración de una señal distinta a la que fue mostrada a los mismos israelitas,
respecto a quienes leemos:
Y El dijo:
“Echala a tierra”, y él la echó a tierra, y convirtióse en una
serpiente.
4, 3
Mientras que
frente al Faraón:
“Toma tu
vara y échala delante del Faraón, y se tornará cocodrilo.” 7, 9
Esta diferencia
fue interpretada de un modo muy indefinido por Casuto, en su comentario a Shemot:
En
lugar de la serpiente, propia del desierto, donde le fue comunicada la señal a
Moshé, aparece aquí el cocodrilo, que es más apropiado a la fauna egipcia.
Evidentemente
Casuto no captó la mordacidad de la variante, tal como lo vió el Midrash:
Dijo el Santo, alabado sea:
“Este malvado se envanece y se denomina a sí mismo, cocodrilo, como leemos (Yehesqyel
29, 3): ‘El Faraón, rey de Egipto, el grán cocodrilo que yace en medio de sus
ríos’. Ve y dile: Observa esta vara, es un trozo de madera seca, se ha
convertido en un cocodrilo y posee espíritu y alma, se traga todas las varas,
pero finalmente tornaráse en un trozo de madera seca.
También tú, te formé de una gota
maloliente, te dí poder y te envaneciste y dijiste (ibid.): ¡¡Mío propio es mi río (el
Nilo), pues yo me lo hice! Pues he de tornarte a la informidad y al vacío. Tú
te has tragado las tribus de Israel, he aquí, pues, que saco el bocado de tu
boca”.
Pero con todo esto, vemos que la ejecución de la señal
– que simboliza la derrota de Egipto – tampoco hizo mella en el Faraón.
Y se
endureció el corazón del Faraón, de manera que no los escuchó.
¿Cómo es
posible?
El Midrash
responde a esta pregunta explicando como logra el Faraón liberarse de la prueba
demostrativa que implica el milagro. Cómo busca y encuentra enseguida una
explicación cómoda a fin de evitar todo temor, toda impresión que puede
haberle causado la señal:
Shemot Rabá
9, 4:
Entonces
el Faraón también llamó a los sabios y a los hechiceros. En ese momento comenzó
el Faraón a hacer escarnio de ellos, y les decías: “¿Estas son las señales de
vuestro Dios? … Es usual que los mercaderes ofrezcan sus mercaderías en los
lugares donde son requeridas, ¿acaso se le ocurriría a alguien … echar agua a
la mar? ¿No saben Uds. Que todos los hechizos están a mi disposición?” De
inmediato mandó traer a niños de su escuela que lograron hacer lo mismo. No
sólo eso, llamó también a su esposa y también ella lo hizo …
Dijeron Yojaní y Mamre – dos
de los hechiceros más importantes de Egipto – a Moshé: ¿Paja Uds. traen a
Ofaraim? (Refiriéndose a una ciudad donde abundaban los cereales).
Resulta
entonces: La señal o el milagro no convencen sino a quien está predispuesto a
convencerse. También Eliyahu que en su ira y su celo por Dios, trató de ir por
este camino de convencer por medio de maravillas, pero se dió cuenta de lo
pasajero de su influencia.1
¿Acaso no
conocía también el Faraón la inutilidad de la hechicería de Egipto? Por ello,
no podía ser esto lo que conmovería al Faraón, que aseveró: “No conozco a este
Eterno” ¿Cuándo se conmovió su soberbia? Al final de la parashá, después
de la plaga del granizo escuchamos decirle por primera vez:
Y el Faraón envió y llamó a Moshé y Aharón, y
les dijo:
“He pecado esta vez;
el Eterno es el justo,
y yo y mi pueblo somos los malvados”. 9,
27
Notamos
aquí un cambio en su manera de pensar. Su seguridad se conmovió. Mas, no fue la
señal lo que lo conmovió. ¿Cuál fue entonces el factor que produjo este gran
cambio, hasta el punto de llevarlo a tal confesión? Nuestros Sabios en el Tanjuma
(Vaerá 20) lo explican de la siguiente manera:
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1 Según la opinión de los Sabios, aún en el instante que requirió del
Señor una señal para demostrar la
verdad, aún en el momento que esperaba un cambio de rumbo de
los corazones por medio de la señal, al
mismo tiempo sabía fehacientemente que la señal no es
convincente.
Por lo que dijeron los Sabios en el Talmud, tratado
Berajot 9b:
Leemos (Melajim I, 18, 37):
“¡Respóndeme, oh Señor, respóndeme!” Dijo Rabí Abahud: “¿Con qué
motivo repitió Eliyahu el vocablo ‘respóndeme’ dos
veces? De lo cual deducimos que Eliyahu dijo al
Señor: ‘¡Señor del mundo,
respóndeme!’ y que caiga fuego del cielo y consuma el holocausto. Y
además ‘respóndeme’ y
que se descuiden, para que no se los ocurra decir que es obra de magia”.
(Explicando Rashí: “Que se
descuiden, y no penetre en sus corazones el mal designio de los inicuos
de rebatirme y decir: Por medio del
arte de la magia has conseguido este fuego).
Dijeron nuestros Sabios: En
ninguna de las plagas dijo el Faraón: “El Eterno es el justo”, salvo en la
plaga del granizo, ¿porqué? Cuando alguien le hace la guerra a otro, lo ataca
de improviso, lo mata y lo despoja, pero el Santo, alabado sea, no obró así,
sino dijo al Faraón (ibid. 9, 19): “Ahora, pues, envía y haz que se ponga a
cubierto tu ganado, y todo lo que tienes en el campo, porque sobre todos los hombres y animales que
fueren hallados en el campo, y que no estuvieren bajo techo, caerá granizo, y
morirán”.
No lo
influenciaron la señal ni la maravilla, sólo Su misericordia que fué una novedad
en el mundo pagano del Faraón, extraño al espíritu de su imperio, denominado
“la Casa de los Esclavos”. Pero, aún este doblar de cabeza ante la misericordia
del Eterno fue sólo momentáneo.
Tomado
de: “Reflexiones sobre la
Parasha”, Prof. Nejama Leibowitz, publicado por el Departamento de
Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 págs. 77 – 82.