Parasha Teruma
“Y Me harán un Santuario”
Por Nejama Leibowitz
ESTA sidrá es la
primera de las últimas cinco del libro Shemot, que están dedicadas a la
construcción del Tabernáculo (cuatro íntegramente y una, solo en parte, Ki-Tisá).
Las instrucciones divinas a Moshé; las palabras de éste a los constructores y
el modo en que fue ejecutada la obra son relatados minuciosamente. La Torá no
revela explícitamente el significado de esta labor, ejecutada en cumplimiento
de la voluntad divina sino que lo hace llamando nuestra atención mediante
palabras y frases clave. Nuestros Sabios enseñan la importancia de cada palabra
del texto y el paralelo entre expresiones similares que aparecen en diferentes
pasajes. Diversos capítulos de las Escrituras, que habían permanecido
incomprendidos hasta nuestra época, fueron elucidados de tal modo por Buber y
Rosenzweig que dedicaron atención cuidadosa a estas repeticiones.
El verbo “asó”
(=hacer) se repite en la Creación siete veces – número significativo en la
Torá. El mismo término es empleado – más de doscientas veces – en el relato de
la construcción del Tabernáculo. ¿Acaso hay una intención en comparar la obra
divina con la obra humana? Veamos los detalles.
Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar
y todo cuanto en ellos hay, y descansó en el séptimo día.
20, 9
Un estudio del relato del
Tabernáculo revelará una semejanza con este texto. El Tabernáculo y sus
utensilios fueron obra del hombre, conforme al modelo que le fue mostrado a
Moshé. Este hecho es mencionado varias veces:
Y
me harán un santuario, y Yo habitaré en medio de ellos.
25, 8
Conforme a todo lo que Yo te muestro, a saber, el diseño del Tabernáculo
y el diseño de todos sus utensilios.
25, 9
También al final de los
mandamientos relativos a la construcción de tres de los principales utensilios
del Tabernáculo, después que el Señor especificó que:
Harán,
pues, un arca de madera de acacia. 25, 10
También
harás una mesa de madera de acacia. 25, 23
También
harás un candelabro de oro puro, 25,
31
Volvió a resumirlo
todo:
Y
mira qque lo hagas según el diseño de ellos que te es mostrado en
el monte.
26, 30
Después que ha sido
detallada la construcción del altar, leemos:
Hueco, de tablas, lo harás; conforme a lo que te ha sido mostrado
en el monte, así lo han de hacer.
27, 8
El verbo mostrar en
el modo hofal se repite en cada uno de los tres versículos mencionados a
fin de enseñarnos hasta que punto penetró la visión celeste el plan del
Tabernáculo en la conciencia de Moshé para que éste pudiera llevar a cabo su
obra terrenal. ¿Dónde y cuándo le fue mostrado a Moshé este plan? Hemos citado
ya el versículo de Shemot 25, 40, que se graba en nuestra memoria por la
sola fuerza del ritmo que tiene en hebreo. Está escrito “en el monte”,
pero no está escrito cuándo.
Este interrogante tendrá
respuesta si leemos el siguiente versículo del final de Mishpatim, antes
de los capítulos del Tabernáculo:
Y
era la apariencia de la gloria del Señor como un fuego devorador sobre la
cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel, y la gloria del Señor hizo
mansión sobre el monte del Sinay; y la nube la cubrió por seis días,
y al séptimo día El llamó a Moshé de en medio de la nube. 24, 16
….entonces Moshé entró
en medio de la nube … 24, 18
En seis días hizo el Señor
los cielos y la tierra. También para la hechura del Tabernáculo fueron
necesarios que transcurrieran seis días para que en el séptimo pudiera serle
mostrado a Moshé el plan celeste del Tabernáculo, que los hombres habrían de
hacer sobre la tierra.
No son éstas las únicas
coincidencias entre la creación del mundo y la construcción del Tabernáculo.
Comparemos el final de ambos relatos, el de la Creación y el del Tabernáculo.
Bereshit 2, 1-2 Shemot
39, 32; 40, 33
Y fueron acabados
el cielo y la Así
fue acabada toda la obra
tierra, y todo el
ejército de ellos. del
Tabernáculo de la tienda
de
la reunión.
Y acabó Dios en
el día séptimo De
esta suerte acabó Moshé la
su obra que había
hecho; y obra.
descansó en el día séptimo
de
toda Su obra que había
efectuado.
La semejanza es notable no
sólo en el fraseo general del acabado de las obras de la Creación y del
Tabernáculo. Llama la atención incluso en los detalles. Así como el acabado de
la Creación es descrito primero en la voz pasiva y luego en la activa, al
mencionar al Señor, a saber: “Y fueron acabados los cielos …”, y “acabó Dios…”,
asi también en el relato de la construcción del Tabernáculo encontramos: “Así
fue acabada toda la obra…” y “Acabó Moshé la obra.”
Más aún: Siete veces vió el Señor lo que creó – como si
revisara lo hecho – y le diera el visto bueno, en la séptima vez está escrito:
Y vió
todo lo que había hecho y he aquí que era muy bueno. Bereshit
1, 31
Del mismo modo Moshé. Al
finalizar la obra examina lo hecho, pero, el hombre no puede calificar la obra
de sus manos de muy buena, de perfecta, lo más que podía esperarse en tal caso
era “que la había acabado de hacer; como había mandado el Señor, así lo habían
hecho” (Shemot 39, 43).
Pero, la creación divina no
finalizó aún ni con el ver ni con el visto bueno sino con la bendición; con el
transcurso de los seis días de la creación no acabó aún la obra, sino que el
día del Sábado fue su coronación; por ello finaliza el capítulo de la Creación
con el siguiente versículo:
Y bendijo
Dios el séptimo día.
Bereshit 2, 3
Del mismo modo:
Y los bendijo Moshé. 39, 43
Rashí, al explicar
el significado de esta bendición, dice:
Les
dijo: “¡Ojalá que la obra de vuestras manos sea bendita de Dios!”
Rashí nos
proporciona así la clave de la comprensión del Tabernáculo, que hemos venido
intuyendo en las siete semejanzas entre Maasé Bereshit – La Creación, y Maasé
Hamishkán, - la construcción del Tabernáculo:
(Hacer…seis
días…en el séptimo día…y acabó…vió…he aquí…y bendijo).
Dios creó los cielos y la
tiera y todo lo que en ellos hay para que sean morada del hombre. Los creó en
seis días y en el séptimo descansó. Del mismo modo el hombre fué llamado a la
nube en el séptimo día para ver el plan del Tabernáculo que habría de erigir
como morada del Señor sobre la tierra.
El hombre debe bregar por
asemejarse en sus cualidades al Creador; le ha sido encomendada la misión de
ser partícipe en la Creación del mundo.
Y
Me harán un santuario, y Yo habitaré entre ellos.
25, 8
Conforme
a todo lo que Yo te muestro, a
saber, el diseño del Tabernáculo y el
diseño de todos sus utensilios.
25, 9
Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama
Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa
para la Diáspora de la
Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 págs. 108-111.