Parasha Itro
“El día Sabado!”
Por Nejama Leibowitz
Acuérdate
del día Sábado para santificarlo.
20, 8
Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra; el mar y todo
cuanto en ellos hay, y descansó en el séptimo día; por tanto, el Señor bendijo
el día del Sábado y lo santificó. 20, 11
El vocablo
“acuérdate”, empleado en el cuarto mandamiento se presta a diversas
interpretaciones.
Rashí:
“Acuérdate
…” Ten siempre presente el día del Sábado, que si encuentras un objeto hermoso,
guárdalo para gozarlo en el día del Sábado.
Rashbam:
“Acuérdate del día Sábado”:
el verbo recordar se refiere siempre a tiempos pasados, por ejemplo (Devarim
32, 7): “Recuerda los días de la antigüedad”, (Shemot 13, 3): “Acordaos de este día, en el cual
salisteis de Egipto”, (Devarim 9, 7): “Acuérdate, no te olvides, de cómo
provocásteis la ira del Señor tu Dios, en el desierto” – lo mismo aquí
“Acuérdate del día Sábado” de la Creación, tal cual explica más adelante:
“Porqué en seis días hizo el Señor …”: por tal razón está escrito aquí
“acuérdate”, a fin de santificarlo interrumpiendo las labores.
R. Ovadia Sforno:
“Acuérdate”.
Recuerda constantemente el día Sábado en tus ocupaciones durante los días de la
semana; del mismo modo como: “Acuérdate de lo que hizo Amalek contigo”. Así
será el procedimiento para santificarlo: previno ordenar las ocupaciones
mundanales de tal manera que pueda desentenderse por completo de ellas durante
el día Sábado.
Según Rashí
y Sforno, la recordación está dirigida al porvenir, al Shabat por
venir. Debemos ver en el día de Sábado la culminación y la meta de la
semana. Lo que se adquiere de valioso durante la semana debe ser guardado, según
Rashí, para gozarlo en el día Sábado. Según Sforno, los asuntos de la
semana deben ser organizados de modo que no interfieran con el descanso
sabático. El acto de recordar, según Rashí, es activo; debe consistir en
preparativos para honrar el Sábado. La recordación de Sforno, en cambio, es
pasiva; consiste en disponer todo de modo que no sea turbada la santidad del
Sábado.
Rashbam
concibe el acto de recordar como orientado hacia el pasado; hacia el primer
sábado, el que siguió a la creación. Este parece ser el significado directo del
texto, pues la obligación de guardar el Shabat está motivada
explícitamente con referencia al Sábado de la creación. La mayor parte de
nuestros comentaristas se inclinan por la opinión de Rashbam, aunque sin
su argumentación linguística. Rambam agrega un motivo adicional, tal
como lo expresa en la Guía de los Descarriados (IIIa. Cap. 43):
En cuanto a la institución
del Shabat, su motivo es demasiado conocido para que haya necesidad de
explicarlo. Se sabe que por un lado, es el reposo. Se ha querido que la séptima
parte de la vida del hombre transcurra placenteramente y que repose de la
fatiga y de las cargas, a las cuales nadie, ni pequeño ni grande, puede
escapar. Por otro lado, ayuda a perpetuar, a traves de las generaciones, la
conciencia de una doctrina muy importante: la de la novedad del mundo.
Parece que
Maimónides quiso proveer aquí de una explicación simple, accesible al común de
la gente, en adición a la razón profunda, de la creación del mundo ex-nihilo.
Rambán
acentúa precisamente este último motivo:
“Acuérdate del día Sábado
para santificarlo”: …y cuando explicaron este versículo en su sentido llano,
dijeron, que su intención es que tengamos presente el día del Sábado cada día, para
que no lo confundamos con algún otro día de la semana. Pues al tenerlo siempre
presente recordaremos también la Creación del mundo en todo momento, y
expresaremos también nuestro agradecimiento por el hecho que el mundo tiene un
Creador que nos ha ordenado guardar este signo, tal como está escrito: “Entre
Mí y los hijos de Israel ésta será la señal perpetua”. Es éste un fundamento
importante de la fe en el Señor. La intención de “santificarlo” es, que lo
recordemos siempre en su calidad de santo, tal como está escrito: “Y llamarás
al Sábado ‘delicia’, al día santo del Señor ‘honorable’” (Yeshaya
58, 13) para que sepamos que la interrupción del trabajo se debe a la santidad
del día, en el que debemos desocuparnos de todas la meditaciones en las
vanidades del mundo, y complacer a nuestras almas en la senda del Señor, yendo
a visitar a los maestros y a los oradores que transmiten la palabra de Dios,
tal como leemos en Melajim II, 4, 23: “¿Porqué va a verle hoy? No es
novilunio, ni es Sábado”, lo cual explicaron los Sabios: porque es usual ir en Rosh
Jodesh o en Shabat a visitar a los Maestros. Esta es también la
razón del mandamiento de dar descanzo a la bestia, de modo que nuestras mentes
no se ocupen con ella. Por tal motivo dijeron nuestros Sabios: El Shabat
es equivalente a la totalidad de las mitzvot, pues por intermedio de la
observancia del día del Sábado damos testimonio de todos los principios de la
fe: La creación del mundo ex-nihilo, la providencia y la profecía.
Rambán
aborda aquí un motivo que no fué enunciado en el Decálogo sino más adelante, en
Ki Tisá, donde el día del Sábado es denominado “señal”. Al final de Bó
explicó Rambán que la finalidad de las festividades es la recordación
periódica de los principios de nuestra fe:
Desde el advenimiento de la
idolatría en la generación de Enosh, desvirtuáronse las ideas acerca de los
principios de la fe. Algunos niegan que existe la Divinidad y afirman que el
Universo es eterno (Yirmeyá 5, 12): “Han renegado al Señor, y han dicho:
No es El”.
Otros niegan Su
omnisapiensia, como leemos en Tehilim 73, 11: “¿Como es posible que lo
sepa Dios? y, ¿podrá haber conocimiento (de ésto) para con el Altísimo?” Otros
en cambio admiten que el Señor es omnisapiente, pero niegan Su providencia
porque dicen que el Señor hizo “al género humano como los peces del mar …” pues
no presta atención a Su existencia, ni hay recompensa ni castigo a los actos
del hombre, porque dicen que “El Señor ha abandonado la tierra” (Yejezquel
18, 12).
Lo infundado de estas
opiniones se manifiesta cuando el Todopoderoso lleva a cabo un milagro
cambiando el orden de la naturaleza en beneficio de un individuo o de una
comunidad, lo que demuestra que el mundo tiene una Divinidad que lo ha creado
de la nada, providente y omnisapiente. Y cuando tal milagro es anunciado
previamente por un profeta, ello es también testimonio de la autenticidad de la
profecía: Que el Señor habla al hombre y revela Sus designios a los profetas, y
a través de ésto es confirmada toda la Torá.
Por tal razón, cada vez que
se habla en la Torá de un milagro leemos declaraciones como la siguiente: “A
fin de que sepas que Yo soy el Eterno en medio de la tierra” (Shemot
8, 18), para enseñarnos la existencia de la providencia divina, que El no los
ha olvidado ni dejado abandonados a la suerte ciega según se imaginan. También
leemos: “Para que sepas que del Eterno es la tierra” (ibid. 9, 29), lo
que nos enseña que el mundo es nuevo, que es Suyo y que lo creó de la nada.
También está escrito “Para que sepas que no hay como Yo en toda la tierra”, lo
que nos enseña Su Omnipotencia con la que rige sobre todo y que nadie puede
impedirLe realizar sus designios.
Hasta aquí
explicó Rambán la importancia de los milagros desde el punto de vista del
fortalecimiento de la fe en las dos doctrinas de nuestra creencia. Concluye
diciendo:
Los
grandes signos y milagros son testimonio fehaciente en pro de la fe, en el
Creador y en toda la Torá.
A continuación
explica la intención de muchos de los preceptos y la razón de la santificación
de determinados tiempos en general y de las festividades en particular –
Sábados y fiestas – destinados también, a fortalecer nuestra fe en los
fundamentos de la Torá:
Dado
que el Santo, alabado sea, no llevará a cabo milagros en cada generación, para
convencer a todo malvado o ateo, nos ordenó que reconstruyamos continuamente lo
que vieron nuestros ojos y lo repitamos a nuestros hijos y ellos a los suyos,
hasta la última generación..
Exigió que inscribamos todos
los milagros sobre nuestras manos y entre nuestros ojos – los tefilín –
y que recordemos ésto con nuestra boca por la mañana y por la noche … y que
construyamos una Suká (cabaña) cada año. Del mismo modo hay muchos
preceptos que recuerdan el Exodo, para testimoniar en todas las generaciones
los principios de la fe, para que no sean olvidados y no puedan argüir los ateos y negar la fe en Dios.
Según esto,
las festividades y las fechas no son sólo un recuerdo que atestigüan la existencia del Creador y de Su
Providencia, sino que ellos mismos son la renovación continuada de la vivencia
de los que estuvieron presentes en el milagro. El observar las festividades y
el santificar determinados momentos de la vida, hace revivir en nosotros la fe
en los principios de la Torá. El día Sábado, con todos sus preceptos y
preparativos nos recuerda la Creación Divina. ¿Cuál es la importancia cardinal
de la fe en la Creación divina del mundo? ¿Porqué debemos considerarla como
fundamento de toda nuestra fe? Veamos la breve respuesta de Yitzjak Gutman, en
su libro Religión y Ciencia, pág. 263:
¿Cuál
es en realidad el contenido religioso de la fe en la creación divina del mundo?
¿Acaso el relato de la creación pretende enseñarnos la historia del
advenimiento del mundo? No, pues la religión no está interesada en enseñarnos
lo que ocurrió, sino que pretende mostrar al hombre el significado de su propia
existencia, aquí y ahora. El significado religioso del relato de la creación es
mostrarnos que ahora y aquí el mundo está en manos de Dios: Que el mundo es Su
creación y que yo soy un ser creado por Dios.
La obligación
de obedecer a Dios, de sujetar mi voluntad a la Suya, de usar este mundo y todo
lo que en el mismo existe de acuerdo con Su voluntad, se deriva del hecho que
el mundo, que yo mismo en él, que todo mi poder y fortaleza tienen un Creador.
El día Sábado, que vuelve al cabo de cada samana, da testimonio de todas las
doctrinas de la fe, tal como la formulara Rambán: En la novedad del
mundo, en la Providencia y en la fe.
Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama
Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa
para la Diáspora de la
Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 págs. 96 – 100.