Parasha Bo
EL PRECEPTO DE LOS TEFILIN
Por Nejama Leibowitz
Y
te será como señal sobre tu mano
y
como recuerdo entre tus ojos,
para
que esté la Ley del Señor en tu boca,
porque
con mano fuerte te hizo salir el Señor de Egipto.
13, 9
Así
será como señal sobre tu mano,
y
como frontales entre tus ojos,
porque
con poder de mano
el
Señor nos sacó de Egipto.
13, 16
Rambam
se hace eco del Talmud al hacer uso del versículo “Asienta campamento el
ángel del Señor en derredor de los que Le temen, y los salva” (Tehilim
34, 7) para ilustrar la santidad especial de los “tefilín”, cuando
expone el precepto de su Código, Reglamentos de los tefilín y de la Mezuzá,
Cap. IV. De un modo similar sirven los tefilín como ángeles guardianes
designados por Dios para salvar al hombre del pecado y para recordarle su
responsabilidad para con El. El hombre es prisionero de sus cinco sentidos; va
en pos de sus ojos. Necesita por lo tanto símbolos y advertencias sensibles que
lo mantengan en la senda recta. Por lo cual nos parece muy acertada y bella la
motivación que leemos en el Séfer Hajinuj:
Siendo
el hombre de materia, sería arrastrado indefectiblemente por el deseo, porque es
propio de la carne buscar ciegamente lo que es placentero, como lo hacen el
caballo o la mula, si no fuera por
el alma con que lo agració
Dios, que le impide, según la fuerza espiritual de cada una, caer en el pecado.
Puesto que el alma está confinada en el mundo material, lejos de su origen,
ocurriría que siempre sería vencida; que jamás tendría la fuerza suficiente
para sobreponerse. Requiere en consecuencia muchos guardianes que la preserven
de su perversa compañía, para que ésta no se levante y la aniquile mientras
permanece dentro de su jurisdicción. El Santo, alabado sea, quiso por lo tanto,
conferirnos, como pueblo santo, una oportunidad para hacernos meritorios.
Para ello dispuso en
derredor nuestro a valientes guardianes. Nos fue ordenado, por lo tanto: No
interrumpir, ni de día ni de noche, nuestra meditación en la Torá; hacernos
flecos en los cuatro bordes de nuestra vestidura; colocar mezuzot sobre
las jambas de nuestras puertas y tefilín sobre nuestro brazo y sobre
nuestra frente. Todo ésto debe recordarnos que no pequemos al dejarnos
arrastrar en pos de nuestros ojos y de las inclinaciones perversas de nuestro
corazón y que no incurramos en injusticia contra el prójimo …Y tú, hijo mío,
observa muy bien cuán superior es la potencia de la carne sobre el espíritu
pues no obstante todos estos guardianes sucede que rompe nuestras defensas. Sea
el Señor, en Su misericordia, ayuda y guardia nuestra, amén.
Lo mencionado
no explica sin embargo el motivo por el cual el precepto de los tefilín
fue mencionado dos veces en este capítulo en conexión con el Exodo de Egipto,
tanto en el párrafo “Kadesh”, como así también el el párrafo “Vehayá
Ki Yeviajá”. ¿Cuál es la relación entre los tefilín, en su papel de
guardianes espirituales, de “ángeles asentados alrededor del hombre para
salvarlo del pecado” y el Exodo? Rambán explica extensamente el nexo.
Concibe el Exodo y las maravillas concomitantes como el gran testimonio de la
existencia de Dios, que creó al mundo de la nada, omnisapiente, providente, y todopoderoso.
Este fue, en realidad, el propósito de los milagros, según leemos: “A fin que
sepas que Yo soy el Eterno en medio de la tiera.” Luego que hubo explicado el
significado de los signos y de los milagros como promotores de la fe y
fortalecedores del espíritu humano, siguió diciendo:
Dado
que el Santo, alabado sea, no llevará a cabo milagros en cada generación, para
convencer a cada malvado o a cada ateo, nos ordenó que reconstruyamos
continuamente lo que vieron nuestros ojos y lo repitamos a nuestros hijos y
ellos a los suyos hsta la última generación.
El Señor confirió suma y
grave importancia a este asunto. Exigió que anotemos en las jambas de las
puertas de nuestras casas, todo lo que vimos … Promulgó numerosos preceptos
cuyo propósito es mantener vivo el recuerdo del Exodo a través de las
generaciones … Quien compra una mezuzá y la fija en la jamba de su
puerta, realizando todo con la debida intención, atestigua ipsofacto que el
mundo fue creado por Dios; expresa su fe en Su providencia, en sus profetas y
en todos los fundamentos de la Torá, y reconocimiento por la infinita merced
con que agració a los que hacen Su voluntad y por habernos extraido de la
esclavitud a la libertad … Y por ello dijeron nuestros Sabios: Cuídate muy bien
en cumplir la mitzvá de poca importancia del mismo modo en que te
esfuerzas en cumplir la mitzvá importante, pues todas son valiosas y
queridas, pues el hombre reconoce por su intermedio, en todo momento a Dios. La
intención común a todos los preceptos es de que creamos en Dios y lo
reconozcamos como nuestro Creador. Esta es también la intención de la Creación,
fuera de éste, a saber, que el hombre conozca y reconozca a Dios que lo creó.
Según Rambán,
la relación entre los milagros del Exodo y los tefilín es como la
relación entre el agua madre y los cristales, perfectos y maravillosos en su
arquitectura, de duración infinita. El amor al Señor, que se reveló en la
generación del Exodo junto a los milagros que lo acompañaron, se purificó y
solidificó convirtiéndose para las generaciones subsiguientes en los tefilín,
que, al coronar la cabeza y adornar el brazo, reviven en la mente y en el
corazón aquella vivencia ardiente y ayudan a vivir cotidianamente con la fe de
que existe una divinidad que creó al mundo de la nada, omnisapiente,
providente, y todopoderosa, y a la cual expresamos nuestro agradecimiento por
habernos creado, pues ésta fue la intención de la creación, no existiendo otro
objetivo en la creación fuera de éste: “Que el hombre conozca y reconozca a
Dios que lo creó.”
También Rabí
S.R. Hirsch concibe la relación entre el Exodo y los tefilín como
expresión de agradecimiento por la gracia recibida. Encuentra en el texto una
alusión:
“Así
será como señal sobre tu mano y como frontales entre tus ojos, porque con poder
de mano el Señor nos sacó de Egipto”.
No fue nuestra mano la que
nos redimió en Egipto, sino que fue la mano de Dios la que nos devolvió el
vigor de la nuestra, vigor que habíamos perdido allí.
Nuestra mano, que había
estado aherrajada en Egipto, fue liberada con un sólo propósito: Que la
subordinemos a El, y sólo a El.
El yugo de
Egipto fué quitado de encima nuestro a fin de someternos al yugo divino, pues
no es libre sino quien se somete al yugo de la Torá.
Después que
hemos aclarado la relación de estos versículos con el Exodo, pasemos a
examinarlos desde el punto de vista de su sintaxis para que podamos responder
luego a la pregunta: ¿Cuál es su significado simple y llano?
Veamos, en
primer lugar, la interpretación de Rashbam, sorprendente y asombrosa a
la vez:
“Como señal sobre tu mano” –
el significado simple es: Será un recuerdo permanente, como si estuviera
escrito sobre tu mano, en el sentido que tiene el versículo: “¡Pónme como sello
sobre tu corazón!” (Shir Hasdhirim 8,6).
“Entre tus ojos”: Como una
joya y una cadena áurea que es usual colocar sobre la frente como adorno.
R. Abraham
Ibn-Ezra critica enérgicamente esta interpretación:
“Y te será”: Hay quienes
están en desacuerdo con nuestros santos antepasados al decir que las
expresiones “como señal” y “como
recuerdo” tienen el mismo sentido como lo que leemos (Mishlé 1, 9):
“para tu cabeza una guirnalda de gracia y collares para tu cuello”; del mismo
modo interpretan “y las atarás por señal en tu mano”, como si tuvieran ante sí
el versículo (Mishlé 6, 21): “Atalos de continuo sobre tu corazón”.
Explican “Y las escribirás sobre las jambas de tus puertas” lo mismo que (Mishlé
3, 3): “Escríbelas en la tabla de tu corazón”. ¿Y qué es según ellos, el signo
o la señal? El que esté de continuo sobre tus labios el hecho que el Señor con
mano fuerte te hizo salir de Egipto.
Esto es incorrecto. En el
principio de Mishlé está escrito: Los proverbios de Shelomó, o en
traducción, literal: Las alegorías de Shelomó. Todos sus proverbios fueron
alegóricos, pero, el Pentateuco no es alegoría. Lo escrito en él debemos
entenderlo en su sentido simple, salvo aquellos lugares que el sentido común
nos dicta interpretarlos alegóricamente, por ejemplo: “Circuncidad, pues, vuestros
corazones” (Devarim 19, 15).
En el
comentario Harejasim Labiká al Pentateuco, encontramos un dictamen en
esta controversia, opuesto a la opinión de Rashbam.
“Para
que esté la ley del Señor en tu boca”: Siempre. Cuando coloques estas señales
sobre tu mano y sobre tu frente, recordarás siempre la Ley en tu boca. El final
del versículo denota el argumento de quien interpreta su comienzo con un estilo
libre.
¿De qué modo
anula el final del versículo la interpretación de Rashbam? Al concebir el
acto de recordar la Ley, mental y oralmente como objetivo del precepto. Resulta
entonces que los tefilín son el medio – señal y símbolo – que activa el
recuerdo. Si la intención del versículo no hubiera sido una señal concreta,
atada a la frente y a la mano, sino tan sólo el acto de recordar, ¿cómo puede
ser la memoria, a la vez medio y meta? Por fuerza debemos admitir que el texto
se refiere a un signo concreto que se sirve de medio para avivar el pensamiento
y la palabra.
Pero, aún no
hemos comentado el versículo desde el punto de vista sintáctico.
Examinemos con
tal propósito dos comentarios:
Y te será
como señal sobre tu mano, y como recuerdo entre tus ojos, para que esté la Ley
del Señor en tu boca: Porque con mano fuerte te hizo salir el Señor de Egipto.
13, 9
Rambán:
La
construcción lógica del versículo debe ser: Y te será como señal sobre tu mano,
y como recuerdo entre tus ojos, porque con mano fuerte te hizo salir el Señor
de Egipto, para que esté la Ley del Señor en tu boca.
Y debe ser interpretado así:
Que anotes sobre tu mano y entre tus ojos el Exodo de Egipto y lo recuerdes
siempre a fin que esté la Ley del Señor en tu boca, y para que guardes Sus
mandatos, pues El es tu Señor que te redimió de la Casa de la Esclavitud.
Haamék
Davar:
“Y te será señal”: Tampoco,
ésto, la ofrenda pascual ni la narración de Pesaj (la Hagadá) son
suficientes, por ello harás algo que te recuerde cotidianamente el Exodo. Un
padre narró a su hijo un relato, con una moraleja importante. Luego, cotidiana
y brevemente le recordaba el contenido de la narración. Así que hubo
transcurrido un año volvió a relatarla in-extenso. Igualmente nos ordenó el
Señor que después del relato de Pesaj hagamos señales, cotidianamente, sobre la
mano y la frente, cerca del corazón y de la mente, asiento de los sentimientos
y de los pensamientos respectivamente.
“Porque con mano fuerte”: No
te asombres de que Dios nos haya ordenado cumplir con tantos preceptos con el
objeto de fortalecer la fe en Su providencia. Sabes también cuán difícil es
alcanzar la fé, que tampoco se acepta de buen grado, de ahí la “mano fuerte”
con la que sacó el Señor de Egipto porque los hijos de Israel no estaban
dispuestos a aceptar la Providencia del Señor. Este es el origen del Midrash
de Shemot Rabá sobre el versículo “Mas ellos no escucharon a Moshé por
impaciencia de espíritu y a causa de la dura servidumbre” (Sehmot 6, 9).
En otras palabras, estaban sumergidos en la idolatría, de lo que podemos
inferir que no querían salir de Egipto. En efecto, apenas hubieron oído el
primer discurso de Moshé, en el que les anunció que el Señor los había
recordado, creyeron, inclinaron la cabeza y adoraron (Shemot 6, 31).
Pero, después que en la segunda alocución les hubo comunicado que el Señor sería
su Dios, es decir, que Su providencia habría de ser ejercida sobre ellos
conforme a sus acciones, no todos estuvieron de acuerdo en oírlo, hasta el
punto que tuvieron que ser redimidos a pesar de su oposición.
En los asuntos que le
resulta difícil al hombre admitir, son necesarios muchos actos para arraigarlos
en el corazón.
¿En que
diferen ambas explicaciones? En la interpretación de la palabra “Ki” (=
porqué) y en la función que es adjudicada a la oración subordinada “porque con
mano fuerte te sacó el Señor de Egipto.” Rambán opina que esta oración
complementa “Y te sacará como señal”. “Haamek Davar” en cambio la
considera como oración casual.
Rambán
se sintió autorizado a explicar este versículo según la regla trigésimo primera
de las treinta dos conforme a las cuales se puede interpretar la Torá. Dicha
regla enuncia: “Lo anterior en el texto, que es posterior en el asunto.” Los
Sabios de la Mishná aconsejaron en estos casos: “Cambia el órden del
texto y luego explícalo”. De lo cual resulta claro que el final del versículo
es la esencia del mandato que se enuncia en su principio, y su parte media es
el objetivo por el cual hay que fijar esta señal.
Después de
enseñarnos cual es el orden lógico del versículo, agregó Rambán una
explicación en la que sustituye el complemento explicativo “porque con mano
fuerte …” con otro complemento más simple, sustantivo, el Exodo. No deben
llamarnos a confusión las últimas palabras de Rambán: “Porque El es tu
Señor que te redimió de Egipto” y suponer que sustituyen y explican la oración:
“porque con mano fuerte …”, y que explicó la palabra “Ki” como término
casual. No. Estas palabras son más que un agregado a la explicación.
Haamek
Davar, que según hemos visto califica a esta oración de casual, interpreta
“Ki” como sifnificativo, “debido a que”.
Es difícil
decidir entre ambas explicaciones, pero parece que la construcción del
versículo y el paralelo entre sus partes inclinan la balanza por la segunda
explicación. Veamos:
Y te será
como señal sobre tu mano
y como
recuerdo entre tus ojos …
porque con
mano fuerte
te sacó el
Señor de Egipto.
13, 9
Y el segundo
párrafo:
Así será
como señal sobre tu mano
y como
frontales entre tus ojos,
porque con
poder de mano
el Señor
nos sacó de Egipto. 13, 16
Vemos entonces
que la colocación de la señal sobre la mano debe recordarnos el poder de
mano; debe ser símbolo de agradecimiento por la gran mano con la que el Señor
obró maravillas para nosotros.
Tratemos ahora
de comprender la esencia del versículo. Rav Kuk explicó en toda su profundidad
el significado de este precepto en su obra “Olat Reayá”, comentario al Sidur:
Las maravillas deben ser
grabadas en el corazón, fuente activa de la vida, y en la mente, asiento del pensamiento.
Ambos conjuntamente convertirán la naturaleza profana del hombre en naturaleza
santa y divina, y la ley será natural en su boca y en su corazón. Estos
preparativos son necesarios porque el objetivo del éxodo de Egipto fue la
lucha contra la naturaleza bruta de la vida, que sumerge al hombre en las
profundidades de lo mundano. El principio material de la vida es tan poderoso,
que para doblegarlo, y lograr que se manifieste dentro del hombre la luz santa
en él oculta, es necesario una mano fuerte, como aquella que se manifestó en el
Exodo.
A causa de ésto los actos de
vestir los tefilín sobre el brazo y sobre la frente son necesarios para
convertir la fuerza mundana y bruta de la vida en una fuerza noble, henchida de
santidad.
El Rav
considera el Exodo no sólo como un acto de liberación política sino que también
como un acto de redención del yugo espiritual, del estar sumergidos en la
arcilla de la vida mundana. El Rav prosigue:
Por tal motivo, sólo después
que te hubieras esforzado y luchado para que los tefilín se conviertan
“en señal sobre tu mano y en recuerdo entre tus ojos”, sólo entonces, estará la
Ley del Señor en tu boca. Del mismo modo que en aquel entonces fue necesario la
mano fuerte del Señor para doblegar el espíritu mundano y bruto de la humanidad
que se manifestó en Egipto, del mismo modo es necesario que al proseguir esta
obra, de sobreponer lo sagrado sobre lo mundano, lo hagamos con mano fuerte;
con la fortaleza y el poder del precepto de los tefilín, exaltado con la
santidad de lo escrito en ellos, santidad que abarca con redoblada fuerza la
obra y la idea, la mano y el ojo de la inteligencia. Sólo con esta grande y
redoblada fuerza podremos proseguir lo que fue logrado desde aquel entonces con
mano fuerte.
La salida de
Egipto no es por lo tanto un acto único, sino que es una misión impuesta al
hombre en cada generación. La victoria sobre la naturaleza mundana del hombre
es necesaria para que se manifieste en su interior la luz de lo sagrado, oculto
en lo profundo de su corazón. Esta victoria exige un esfuerzo tal, que no es
posible alcanzarla sin ayuda, sin agregar poder y energía a la obra – la mano –
y a la inteligencia – el ojo que ve y comprende – a fin que el hombre pueda
continuar con su mano lo que el Señor hizo con poder de mano. Esto es, según el
Rav, el significado del precepto de los tefilín.
Tomado
de: “Reflexiones sobre la
Parasha”, Prof. Nejama Leibowitz, publicado por el Departamento de
Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 págs. 83 – 90.