Parashat Noaj
Parashat Noaj
EL EPISODIO DEL
DILUVIO
Prof. Nejama
Leibovitz
EL PROFESOR
Casuto se expresó de la manera siguiente, a propósito de este episodio, en su
obra De Noaj a Abraham, pág. 16:
El plan de
este episodio está perfectamente ordenado hasta en sus menores detalles. Se
divide en dos partes de seis párrafos cada una. La primera parte, (6, 9-7, 24)
describe en sucesivas etapas la obra de la justicia divina que desencadena la
catástrofe sobre la tierra llena de violencias. Se suceden ante nosotros cuadros
cada vez más obscuros hasta que en la tenebrosidad de la muerte del sexto
párrafo (7, 14-24) donde no subsiste más que una débil y tenue luz, flota –
sobre la superficie de las agitadas aguas que lo cubrieron todo – el arca que
encierra la esperanza de la vida futura.
Y El borró
toda sustancia viviente que había sobre la faz de la tierra; desde el hombre
hasta la bestia, hasta el reptil y hasta el ave del cielo; y fueron borrados de
la tierra; y quedó solamente Noaj y los que con él estaban en el arca.
7, 23
La
segunda parte (6, 1-9, 17) nos muestra, una tras otra las diversas etapas de la
acción de la misericordia divina, que renueva la vida sobre la tierra; aquella
luz que se fue empequeñeciendo hasta convertirse en una débil mota en medio del
mundo tenebroso, se ha fortalecido y alumbra cada vez más, hasta que su luz
ilumina nuevamente toda la escena, descubriendo ante nosotros un mundo calmo,
coronado por el arco que despliega sus colores en la nube, signo y garantía de
vida y de paz para las generaciones futuras.
Esta es la señal del
pacto que ha establecido entre Mi y toda carne que está sobre la tierra.
9, 17
La
falta cometida por la generación del diluvio ya fue mencionada en la sidrá
Bereshit; la corrupción en que se fue hundiendo la humanidad con el
transcurso de las generaciones desde el asesinato (Caín y Abel) hasta la
glorificación que hizo Lemej de las armas y de la batalla; hasta los “hijos de
Dios” que tomaron por mujeres a todas las que quisieron, símbolo de la violencia
según lo señala Radak;
El fuerte oprimía
al débil, sin que nadie se interpusiera en su favor.
El cuadro va haciéndose cada
vez más sombrío hasta que llegamos al final del capítulo:
Y vio el Señor que
era grande la maldad del hombre en la tierra, y que toda imaginación de los
pensamientos de su corazón eran solamente mala todos los días. 6, 5
Otras dos expresiones diferentes vuelven a describirnos el pecado de la
generación:
Y
se corrompió la tierra delante de Dios, y se llenó la tierra de
violencia. 6,
11
Nuestros Sabios, citados por
Rashí, opinan que el primer término designa la corrupción sexual mientras
que el segundo designa la injusticia social. Rashí interpreta el término
jamás = violencia, en el sentido de “rapiña”. Cuando Dios se reveló a
Noaj para hacerlo partícipe de su veredicto, sólo mencionó la segunda
falta:
Y dijo Dios
a Noaj: “El fin de toda carne ha llegado delante de Mi, porque la tierra está
llena de violencia a causa de ellos…”
6, 13
Nuestros Sabios expresaron
su asombro ante la diferencia entre la descripción de la falta en el versículo
11 y su mención como considerando del veredicto. En el tratado Sanhedrín
del Talmud, pág. 108a leemos:
Rabí Iojanán
dijo: ¡Ved! ¡Cuán enorme es el pecado de la rapiña! No hubo pecado en el que no
incurrió la generación del diluvio, mas la medida no se colmó ni se emitió el
veredicto sino cuando comenzaron a robar, según está escrito: “Porque la tierra
está llena de violencia a causa de ellos, y he aquí que voy a destruirlos con la
tierra”.
Numerosos midrashim se dedican a
describir la corrupción de esa generación, hasta el punto que no dejaron de
encontrar alusión en el texto a toda clase de faltas y maldades en la que
incurrió la generación del diluvio. Mas los midrashim señalan siempre que
la medida no se colmó ni la condena fue decretada sino cuando incurrieron en la
falta de la rapiña: “Porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos”.
Grave es el pecado de la rapiña – recalca
el Midrash Rabá – pues corrompe todas las demás cualidades del hombre y
erige un muro impenetrable entre el hombre y su Creador. En el Midrash
Rabá de Shemot 22, 4, leemos:
Así dijo Iob
(16, 17): “…no hay violencia en mis manos, y mi oración fué siempre
pura”. ¿Acaso puede haber una oración impura? Sí, la del que tiene las manos
impregnadas de rapiña; implora a Dios, mas El no lo escucha. ¿Por qué? Porque su
oración es impura, pues está escrito: “Y dijo Dios a Noaj: “el fin de toda carne
a llegado delante de Mi; porque la tierra está llena de violencia”. Pero la
oración de Iob, en cuyas manos no había rapiña, era siempre pura.
La solemne oración final de Yom Kipur –
Neilá – proclama dos veces la finalidad de este día: “A fin de que nos
abstengamos de toda violencia”.
Nuestros Sabios encontraron que el episodio considerado alude
a una segunda idea, que es recalcada también en la oración de Neilá: “Tu
deseas el arrepentimiento de los malvados, Tu no deseas su muerte”. Esta idea
cita la oración del profeta Iejezquel (33, 11):
“¡Vivo
Yo!”, dice el Señor Dios, “que no Me complazco en la muerte de inicuo, sino
antes que se vuelva el inicuo de su camino y viva”.
Nuestros Sabios ilustran este versículo citando precisamente el
episodio de la construcción del arca y del maravilloso salvamento de Noaj. Dicen
así en el Midrash Tanjuma:
¿Por qué
ordenó el Señor a Noaj que construya el arca? A fin que sus contemporáneos
observen su labor y retornen a la buena senda. ¿Acaso Dios no podía salvarlo con
Su palabra o elevarlo al cielo? ¿Por qué le ordenó: “Haz para ti un arca de
madera de ciprés”? Porqué el propósito del Entero fue, que si le ordenaba a Noaj
construir el arca, él se ocuparía de su construcción, dando lugar a que sus
contemporáneos le preguntaren: Noaj, ¿qué estás haciendo? Estoy construyendo un
arca porque el Eterno me reveló Su intención de desencadenar un diluvio sobre la
tierra. Ellos comprenderían así, la insinuación de Dios y retornarían a la buena
senda. Este fue el plan de la Providencia…mas no le prestaron
atención.
O según otra versión:
Noaj se
dedicó a plantar cedros. Sus contemporáneos le preguntaban: “¿Para que plantas
estos cedros?” “El Eterno amenaza con desencadenar un diluvio. Me ordenó hacer
un arca a fin de que nos salvemos mi familia y yo”. Se reían de él y se burlaban
de sus palabras. Noaj irrigaba los cedros y éstos crecían. Le preguntaban: “¿Qué
haces?” Les explicaba y les prevenía: Visto que no se
arrepintieron…
Rashí expone esta
misma idea cuando comenta el versículo 12 del Cáp. 7, que menciona la última
advertencia, que tampoco atendieron; Rashí dice:
“Y hubo lluvia
sobre la tierra”. Más adelante, en el versículo 17 leemos: “Y el diluvio fue
sobre la tierra”. ¿A qué se debe esta diferencia? La razón está que en un
principio Dios hizo que las lluvias cayeran benignamente, de manera que si se
arrepentían se convirtieran las lluvias en una bendición, pero, visto que no
hicieron penitencia, se convirtieron en diluvio.
Esta última advertencia fue
inútil, el diluvio vino y los sumergió.
Tomado de:
“Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz,
publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora
de la Organización Sionista
Mundial, Jerusalén, 1986
Págs. 14-17.