vaishlaj
LAS OBRAS DE LOS PADRES SON UN INDICIO PROMISORIO PARA LOS
HIJOS
Prof. Nejama Leibowitz
RAMBAN comenta así el comienzo de esta sección:
Este
pasaje ha sido escrito para enseñarnos que el Eterno ha salvado a Su servidor y
lo ha liberado de la mano de alguien más fuerte que él, enviando un ángel para
salvarlo; y también, que Yaakov no se fió en su propio mérito e hizo todo lo
humanamente posible para salvarse. Contiene también una insinuación para las
generaciones venideras, que lo acontecido a nuestro antecesor con su hermano
Esav, nos acaecerá siempre (en nuestras relaciones) con los hijos de
Esav.
Rambán adopta en este
punto la enseñanza de nuestros Sabios, que identificaron de dos maneras, en sus
homilías, a los padres con los hijos. Las virtudes de los antepasados son un
ejemplo para los hijos; también la historia de los patriarcas, sus vicisitudes,
sus éxitos, y sus fracasos son semejantes a los que acaecerán a los hijos. A
ambos sentidos denominaron: “Las obras de los padres son un indicio promisorio
para los hijos”.
Esta sección, que relata el
encuentro conmovedor y decisivo de Yaakov con Esav; su reconciliación y su
posterior separación se ha prestado para numerosas homilías de este género, pues
del mismo modo en que identificaron a Yaakov con sus hijos, con los hijos de
Israel, del mismo modo identificaron a Esav con Roma. Esta identificación se ha
arraigado profundamente a pesar de no ser posible encontrarle ninguna base
histórica-étnica (ya Josefo Flavio hace uso de esta identificación) e incluso se
le encontró asidero en las homilías de los detalles de la vida de Esav, según
los relata la Biblia.
Al final del encuentro
relatado en el capítulo 33, cuando Esav pide insistentemente a Yaakov que lo
acompañe o que tome alguna de su gente como una especie de guardia de honor,
vemos a Yaakov haciendo lo posible para no relacionarse con Esav, y de no
acompañarlo, mediante toda clase de pretextos y dilaciones. También esto fue
interpretado como una norma para la futura descendencia. Rambán dice así;
basándose en Bereshit Rabá:
“¿Para
qué ésto? ¡Halle yo gracia en los ojos de mi Señor!”:
Yaakov no deseaba de ninguna manera su compañía. Nuestros Sabios, (Bereshit
Rabá 78, 18) vieron en ello un buen consejo: Cuando Rabí Yahuda Ha-Kadosh
(según otra versión Rabi Yanaí) debía presentarse ante el rey, solía estudiar
este pasaje y no dejaba acompañarse por los romanos. Una vez cometió la
imprudencia de no estudiarlo y se dejó acompañar por los romanos. No había
arribado aún a Acco, cuando se vio en la necesidad de vender su manto. (Parece
que lo habían despojado de todo).
Rambán comenta esta
homilía así:
Era tradicional entre
nuestros Sabios el relacionar este pasaje con el Exilio. Cuando solía ir a Roma,
a la corte de los reyes de “Edom”, por asuntos de Estado, estudiaba este pasaje
a fin de seguir el consejo que nuestro sabio antecesor legó a las generaciones
venideras y no aceptaba la compañía de la gente de la corte, pues su amistad era
interesada y despojaban a la gente de sus bienes.
Nuestra sidrá es,
entonces, la sidrá del exilio. Yaakov es la minoría, Esav la mayoría. A
él le pertenece el gobierno. El poder está en sus manos. (“Y con él
cuatrocientos hombres”). Yaakov le teme y trata de conciliarlo. Estudiaremos
detenidamente uno de los versículos de esta parashá del exilio.
Esav, empero, corrió a recibirlo, y
lo abrazó, y achóse sobre su cuello y lo besó; y lloraron.
33, 4
Nuestros Sabios y exegetas
se asombraron no sólo ante los puntos que la Masorá colocó de una manera
desusada sobre la palabra “Vayishakehu” (y lo besó) sino que también ante
la conducta nada propia de Esav, lo que dió lugar a diversos comentarios. He
aquí algunas de las opiniones:
Bereshit Rabá 78, 12:
“Y
lo besó”:
La palabra está punteada. Rabí Simón, hijo de Eleazar dice: en todo lugar donde
las letras punteadas son menos numerosas que aquellas que no lo son, se
interpretan aquellas que no lo son; si las punteadas son las más, interprétase
éstas. Aquí, donde no se da ni uno ni otro caso, (toda la palabra está
punteada), nos enseña el texto, que Esav fue preso de un sentimiento de piedad
en ese momento y que lo besó de todo corazón. Díjole Rabí Yanai: Si es así,
¿cuál es entonces el objeto de los puntos? – Esto nos enseña que no quería
besarlo sino morderlo, más el cuello de Yaakov se volvió duro como el mármol y
sus dientes se embotaron. ¿Cómo debemos comprender “y lloraron”? Uno llora por
su cuello – el otro por sus dientes.
Tanjuma, Vayishlaj
4:
Esav
quiso morderlo, mas el cuello de Yaakov se endureció como el mármol. Por tal
motivo está punteado sobre la palabra “Vayishakehu”, porque el beso no
fue sincero.
“Y
lloraron”:
¿Porqué? Te explicaré con una fábula: Un lobo arrojóse sobre un ciervo para
devorarlo. El ciervo comenzó a cornearlo y los dientes del lobo se clavaron en
los cuernos del ciervo. Ambos lloraron. El lobo porque no pudo hacerle nada, el
ciervo por si volvería. Lo mismo sucedió con Esav y Yaakov: Esav lloró porque el
cuello de Yaakov se endureció como el mármol y Yaakov, por si Esav volvería y le
mordiese. A propósito de Yaakov leemos en la Biblia: “Tu cuello, como una torre
de marfil”. (Shir Hashirim 7, 5) y a propósito de Esav: “Los dientes de
los malvados quebrantaste” (Tehilim 3, 8).
Nos encontramos por lo tanto
en presencia de una opinión optimista, que constata una transformación
fundamental en el carácter de Esav y expresa la esperanza de una paz duradera
entre él y Yaakov, y de una opinión pesimista que ve una dentallada en el beso
de Esav.
Veamos otras fuentes que estudian
este versículo más detalladamente:
Avot de Rabí Natan,
versión B:
“Y
lo besó”:
Punteado. ¿Puede suponerse que fue un beso de amor? Rabí Shimón ben Eleazar
dijo: ¿No eran todos los actos de Esav en un principio, actos de odio? Salvo
éste, que fue de amor.
Una opinión opuesta leemos
en Pirké de Rabí Eliézer 37:
Cuando
Yaakov pasó en dirección a la tierra de Kenaan salió Esav a su encuentro,
furioso y tramando su muerte, como está escrito: “Maquina el malo contra el
justo, y cruje sobre él sus dientes”, Esav pensó: No mataré a Yaakov con arco y
flecha; lo mataré a dentelladas y le chuparé la sangre, como está escrito: “Esav
empero corrió a recibirlo y lo abrazo y echóse sobre su cuello y lo besó; y
lloraron”. No debe leerse “Vayishakehu” ( = y lo besó) sino,
“Vayishakehu” ( = y lo mordió). Mas el cuello de Yaakov se endureció como
el marfil … Cuando Esav vio que no podía satisfacer su deseo, se irritó y
rechinaron sus dientes, según está escrito: “El inicuo lo verá y se enojará;
crujirá los dientes y desfallecerá”.
Sin embargo, encontramos
comentaristas que creen firmemente en el beso de Esav. Entre ellos se destaca R.
Shimshón Rafael Hirsch (en su comentario escrito en alemán):
La palabra “lloraron” es un
testimonio fiel de un sentimiento humano puro. Es verdad que un hombre puede dar
un beso hipócrita, mas las lágrimas de ese momento brotaron de lo más profundo
de su corazón: Este beso y estas lágrimas nos permiten reconocer en Esav a uno
de los descendentes de Abraham. No es más el cazador salvaje que conocimos, pues
sino, ¿cómo hubiera podido llegar a gobernante? La espada y la fuerza bruta por
si solas no hubieran hecho esto posible. También Esav se deshace poco a poco de
su arma y da entrada gradualmente, a sentimientos de fraternidad dentro de su
alma. Yaakov es precisamente quien por general ofrece a Esav la oportunidad de
demostrar que el principio humanitario comienza a revelarse en él. Es
inteligente el fuerte que respeta los derechos del fuerte. Mas cuando el fuerte
– en este caso Esav – cae sobre el cuello del débil, Yaakov, y arroja lejos de
sí la espada, sólo entonces comprendemos que también en él triunfaron la
justicia y la fraternidad.
Entre las líneas de Hirsch
percibimos fácilmente el eco del optimismo ciego del siglo XIX. Hirsch, lo mismo
que muchos otros de su generación, ven aquí lo que tanto ansiaron ver: Esav
deshaciéndose poco a poco de su espada y dejando dominar su espíritu por
sentimientos de fraternidad. Será vano polemizar con él, pues no tenía el
conocimiento ni la experiencia histórica que nosotros poseemos. Mas puede ser
conveniente que comparemos su opinión con la del autor de Haamek Davar,
uno de los primeros “Amantes de Sión”, casi contemporáneo suyo, quien recusó el
Galut y exhortó a los judíos a abandonarlo para dirigirse al país de sus
antepasados.
“Y
lloraron”:
Ambos. El texto nos enseña que también en Yaakov se despertó en ese momento el
amor por Esav. Lo mismo ocurrió en la historia: Cuando los descendientes de Esav
son animados por un espíritu de pureza y reconocen las cualidades de los
descendientes de Israel, nosotros también somos impulsados a reconocer en “Esav”
a nuestro hermano; así sucedió entre Rabí Yehuda Hanasí y el Emperador Antonio y
en otros numerosos casos.
Al famoso rector de la
Yeshivá de Volozín, no le asombran las lágrimas de Esav. Le intrigan las
de Yaakov, quien a pesar de todo lo que Esav le hizo, está dispuesto a reconocer
en Esav, a nuestro hermano, con tal que manifieste tan sólo un indicio de su
buena voluntad.
¿Qué es lo que en la Torá
misma leemos con respecto a los besos de Esav? ¿Hay en la Ley algo que nos
permita saber si creer en ellos o no? Benno Jacob, contemporáneo, autor de un
comentario importante “Génesis”, compara el versículo en estudio con
otros que describen el encuentro de personas que se amaban entrañablemente y que
estuvieron separados por largo tiempo uno del otro (Yaakov y Rajel; Yosef y
Binyamín; Yaakov y Yosef, Moshé y Aarón):
Y besó Yaakov a Rajel; y alzó su voz y lloró.
29,
11
Cayó entonces sobre el cuello de Binyamín, su hermano, y lloró.
45, 14
Unció, pues, Yosef su carro … y se le presentó y cayó sobre su
cuello y lloró
mucho sobre su cuello.
46, 29
… y el fué y lo encontró en el monte de Dios, y lo besó.
Shemot 4,27
Benno Jacob dice: “En
ninguno de estos encuentros hay tal efusión de actos como en el de Esav y
Yaakov. Una abundancia tal de manifestaciones de cariño y de amor, no la
entramos, por ejemplo, luego de una separación tan trágica como la de Yaakov y
Yosef, su hijo amado. Sólo aquí vemos correr, abrazar, estrechar, caer sobre el
cuello, besar y llorar. ¿No es esto un poco exagerado? ¿No es esto un poco
sospechoso?
En realidad tampoco Yaakov
cree. Inmediatamente después del abrazo y del beso comienza la separación; nada
de contactos, nada de companía. Yaakov no desea asimilarse con la población del
país: es una nación que reside aparte. Esav se va al Seír y allí se asimila:
Esav es Edom. Yaakov no irá a Seír, su lugar está en el país de Kenaan. Mas el
día llegará en que Esav – y toda clase de Esav – vendrán a lo de Yaakov, al
monte de Sión.
Tomado de: “Reflexiones sobre la
Parasha”, Prof. Nejama Leibowitz, publicado por el Departamento de
Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la Organización Sionista Mundial,
Jerusalén, 1986 Pág. 47 – 51.