RECONOCIO YOSEF A SUS
HERMANOS
Por Nejama Leibowitz
De modo que reconoció Yosef a sus
hermanos, mas ellos no lo reconocieron a él.
42, 8
Y acordóse Yosef de los sueños que
había soñado acerca de ellos, y les dijo: “¡Espías sois, para ver lo indefenso
de la tierra habéis venido!”
42, 9
La conducta de Yosef hacia
sus hermanos ha intrigado a nuestros comentaristas. ¿Con qué propósito los acusó
falsamente? Abravanel, a quien citamos a continuación, vuelve sobre los pasos de
sus precursores al formulas esta pregunta:
¿Porqué se hizo pasar Yosef
por extraño? ¿Porqué les habló con dureza? ¿No era criminal de su parte tomar
venganza y llevar dentro de sí un rencor viperino?; ya que si la intención de
sus hermanos había sido mala, sin embargo, Dios lo había dispuesto todo para
bien. ¿Qué justificativo podía tener tomar venganza despues de veinte años?
¿Cómo podía ignorar su penuria en un país extraño y la de sus familias que
sufrían hambre en espera de su retorno, y en especial, cómo podía olvidar a su
anciano padre, afligido por preocupaciones y dolor? ¿Cómo fue que no se apiadó
de él y aumentó su aflicción con el aprisionamiento de Shimón?
Investigadores no-judíos de
nuestra época, en particular aquellos animados por su encono al judaísmo,
encuentran en este episodio una prueba de la superioridad moral del
Cristianismo. Alegan que hay aquí un ejemplo patente de venganza, de rencor e
incluso de esnañamiento. En realidad no sólo estos investigadores le sospecharon
a Yosef tales móviles. También sus hermanos que se sienten merecedores de un
castigo severo, confiesan su temor despues de la muerte de Yaakov. Pero, quien
respondió:
“No temáis, ¿Pues soy yo acaso en lugar de Dios?
50, 19
Vosotros propusisteis contra mi el mal, pero Dios lo propuso para bien …
50, 20
Ahora, pues, no temáis …”
50, 21
no puede ser motejado de rencoroso,
ni se le pueden sospechar el rencor ni la venganza. Quien luchó más de una vez
para no prorrumpir en llanto y no lo logró, y tuvo que pasar a otro aposento
porque se conmovieron sus entrañas a causa de su amor fraternal (ibid. 42, 24;
43, 30) no nos parece un cruel que goza a la vista de sus hermanos en desgracia,
acongojados por la inminencia del cautiverio y de la
muerte.
Si leemos con atención el
versículo, veremos también que no es ni siquiera la intención aparente de la
Torá el presentarnos a un Yosef vengativo, pues si la Torá no relata el motivo
de Yosef para simular ser un extraño, de todos modos, hay una insinuación de la
manera de pensar de Yosef, de su estado de ánimo en el momento en que se hace
pasar por extraño. No está escrito: “Y acordóse Yosef de lo que le habían
hecho”, ni tampoco: “que le habían arrojado al pozo”, o “que les había suplicado
y no le habían atendido”. ¿Que es lo que recordó?
Y acordóse Yosef de los sueños que havía soñado acerca de ellos.
42, 9
En base a ésto,
Rambán y otros comentaristas arribaron a la conclusión (en nuestros días
expuso Thoman Mann esta idea en su obra monumental “José y sus hermanos”) que
Yosef obró así al considerarse elegido por la Providencia a ser jefe y proveedor
de sus hermanos y de su familia y que ésta es la dilucidación de sus sueños en
la casa de su padre; él será el señor, él no es libre de elegir su camino en la
vida sino que debe cumplir con la misión a la que fue destinado. Segun estos
comentaristas vió en sus sueños una insinuación.
Y he aquí que se levantó mi gavilla
y también se quedó firme, mientras que vuestras gavillas poniéndosele alrededor
se inclinaban ante mi gavilla.
37, 7
Yosef se considera
predestinado a cumplir con una misión.
Rambán explica ésto
de la manera siguiente (comentario a 42, 9):
Las
Escrituras nos enseñan que cuando Yosef vió a sus hermanos, acordóse de sus
sueños que había soñado acerca de ellos y notó que ninguno se había cumplido en
esta oportunidad, pues interpretó su primer sueño: “estábamos atando gavillas”
que todos sus hermanos debían previamente prosternarse ante él para que
se cumpliese su sueño. El segundo sueño insinuó otra situación, en la que “el
sol, la luna y once estrellas …”, es decir, sus padres y sus hermanos habrian de
prosternarse ante él. Notó que Binyamín estaba ausente en el primer encuentro,
planeó entonces hacer traer a su presencia también a Binyamín y dar asi
cumlimiento al primer sueño, según el cual todos sus hermanos, once en total,
habrían de prosternarse ante él. No les reveló, por lo tanto, su identidad, ni
les pidió que trajeran a su padre, como hizo después, pues su padre, sin duda,
habría de reconocerlo inmediatamente. Después que el primer sueño se hubo
concertado y Binyamín completó el círculo de sus hermanos acompañándolos, reveló
su identidad a fin de hacer efectivo el segundo sueño. Si ésta no fuera la
explicación de la conducta de Yosef, deberíamos haber arribado a la conclusión
de que Yosef pecó gravemente al infligir pena a su padre y al permitir que
sufriera una prolongación innecesaria de su duelo, por él mismo y por Shimón.
Pues aún cuando admitamos que quiso hacer sufrir un poco a sus hermanos, debía
al menos haberse apiadado de su anciano padre. Pero Yosef llevó a cabo todo y a su debido tiempo a
fin de hacer cumplir sus sueños, con la certeza de que habrían de
cumplirse.
Esta explicación de
Rambán fué atacada enérgicamente por Rabí Yitzjak Arama en su comentario
“Akedat Yitzjak”:
Estoy
asonbrado de lo que escribió Rambán que Yosef obró así para que se
cumplieran sus sueños. ¿Qué beneficio o utilidad encontraría en su realización?
Aún suponiendo que se habría beneficiado, no debía de haber pecado contra su
padre. En cuanto a los sueños, ¡deja su realización en manos de quien los envía!
Más aún, ¡sería una gran tontería que el hobre intente realizar sus sueños dado
que son asuntos que escapan al campo de sus posibilidades!
Podemos sin duda, rechazar
la opinión de Arama, de dejar en manos de la Providencia la materialización de
los sueños que El comunica al hombre. Guideón, por ejemplo, no dejó en manos de
la Providencia la realización del sueño del midianita, que predijo la derrota de
Midián, sino que fueron él y sus hombres con “cántaros vacíos y teas dentro de
ellos” (Shoftim 7). Del mismo modo, no esperaron los líderes de la
diáspora babilónica hasta que se cumpliera la profecía de Yirmeya que
Dios habría de devolver al pueblo judío a su tierra, sino que antes que hubieran
transcurrido setenta años se dirigieron a Zerubabel y Yeshúa, el hijo de Zadok,
a la cabeza de cuarenta y dos mil trescientos y tres de sus hermanos hacia
Eretz Israel. Pero, puede hacerse otra objeción a la explicación de
Rambán. ¿No podía Yosef conseguir el cumplimiento de sus sueños sin
afligir tanto a su padre y a sus hermanos? Por tal motivo debe buscarse otra
explicación. El mismo Rambán al igual que otros comentaristas la
menciona. La casa de Yaakov era culpable; había pecado gravemente contra Yosef.
¿Cómo podía ser expiado este pecado? ¿Cómo expresarían su arrepentimiento? ¿Qué
habría de hacerse para restaurar la unidad y el honor de la simiente elegida? A
propósito de estas preguntas veamos cómo define Rambam el arrepentimiento
sincero, de acuerdo con lo expresado en el Talmud tratado Yoma
86b:
Reglas del
arrpentimiento, 2, 1:
¿En qué consiste el
arrepentimiento íntegro? Aquel que afronta una situación idéntica a una pasada,
en la cual pecó, pudiendo volver a incurrir en falta, pero, sin embargo se
abstiene, y no sucumbe a la tentación, ni por temor, ni por debilidad. Por
ejemplo: Si mantuvo relaciones prohibidas con una mujer, y después de cierto
tiempo volvió a encontrarla a solas, y sigue en posesión de su amor y de su
vigor físico y se encuentra en la misma situación que en la vez anterior cuando
incurrió en falta, pero esta vez se abstiene y no peca, es éste un verdadero
penitente.
En otros términos: el hombre
debe volver a pasar por la misma prueba en la que una vez ya falló y en las
mismas circunstancias. Recién entonces podrá saberse si saldrá airoso. Pero,
¿cómo puede hacerse retroceder el tiempo? ¿Cómo se podía probar en este caso a
los hermanos de Yosef? ¿Qué clase de amistad podían demostrarle sus hermanos a
Yosef; ahora, en Egipto, siendo Yosef virrey, estado en el que no podían dañarlo
de ninguna manera, y cualquier actitud de arrepentimiento no sería sino una
reforma causada por el miedo y la debilidad? ¿Cómo podía Yosef probarlos y
darles la posibilidad de alcanzar un arrepentimiento genuino? Pero, como lo
señaló Rambán, Yosef preparó todo acertadamente. Debía hacer caer a
Binyamín – su hermano, y, al igual que él, hijo de Rajel y preferido de su padre
– en una situación similar. Esta vez sus hermanos tendrían una excusa valedera
para dejarlo librado a su suerte. ¿Pues cómo podrían luchar contra todo el
imperio egipcio? Si a pesar de esto, rehusarían volver a su padre sin Binyamín,
y estarían dispuestos a sacrificar sus vidas, tal como Yehuda lo insinuara al
final de sus palabras:
Ahora pues, ruégote, que tu siervo
quede en lugar del mozo, por siervo de mi señor, y el mozo suba con sus
hermanos.
44, 33
Recién entonces fué
apropiado reconocerlos penitentes genuinos; recién entonces puede Yosef darse a
conocer y el juego habrá finalizado.
Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”,
Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y
Cultura Religiosa para la Diáspora de la
Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 págs.
56 – 60.