Parashat Jaie Sara
Parashat Jaie Sara
“QUE NO TOMARAS MUJER PARA MI
HIJO, DE LAS HIJAS DE LOS KENAANITAS ENTRE QUIENES HABITO”
por Nejama Leibowitz
ESTE
capítulo relata, en apariencia, la última de las acciones de Abraham. En
realidad, lo que describe es la intervención de Dios quien provee al hombre,
como por casualidad de todo lo que necesita … Pero, la intervención de Dios no
tiene lugar sino como consecuencia del pedido y de la acción humana, puesto que
la bendición divina es impartida sólo en las obras del hombre.
Abraham es quien abre la acción de este
capítulo. El es quien llama a su siervo, su mayordomo: él es quien ruega,
juramenta y previene. Con esto termina su parte. Cuando el fiel emisario vuelve
de su misión no es Abraham quien lo recibe – es a Yitzjak, su hijo, a quien se
dirige el siervo. “A Yitzjak contó el siervo todo lo que había hecho”. La
primera generación de los patriarcas cede su lugar a la siguiente.
Cabe
plantear, sin embargo, una cuestión en relación con la misión que Abraham
recomendó. Examinemos las palabras de Abraham a su siervo:
Y te
juramentaré por el Señor, Dios del cielo y Dios de la tierra que no tomarás
mujer para mi hijo de las hijas de los Kenaanitas entre quienes habito; 24, 3
Sino
que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás una mujer para mi hijo
Yitzjak.
24, 4
Abravanel - lo mismo que
otros comentaristas – pregunta:
¿Porqué le ordenó Abraham que no tomara por
mujer de las hijas de los Kenaanitas? También del otro lado del río eran
paganos. ¿Que ganó con su orden? Es comprensible que Yitzjak le ordenara a
Yaakov, porque lo había experimentado por si mismo. Las hijas de Jet fastidiaron
a Yitzjak y a Rivká su mujer; pero Abraham no pasó tal experiencia. ¿Porqué
alejó a las hijas de Kenaan, pero no a las hijas de Betuel y de Najor, que eran
malvados y pecadores al igual que los Kenaanitas; cuanto más, que si observamos
los términos que Abraham utilizó: “Entre quienes habito” – que fue interpretado
por nuestros Sabios como refiriéndose a Oner, Eshkol y Mamré, quienes eran gente
buena, de su confianza, a pesar de lo cual los excluyó?
Son
pocos los comentarios que pasan por alto la primera parte de la pregunta ¿Porqué
ordenó Abraham que no tomara por mujer de las hijas de Kenaan? Y se ocupan sólo
en responder a la segunda parte de la pregunta: ¿Porqué no prohibió las hijas de
Betuel y de Najor? El Midrash Hagadol trata esta cuestión:
“Sino
que irás a mi tierra y a mis parentela”:
¡Pero
si todos son paganos! – según leemos (Yehoshúa 24, 2): “En los tiempos
antiguos, vuestros padres habitaban el otro lado del río (Eufrates) es a saber,
Teraj, padre de Abraham y padre de Najor, y servían a otros dioses” -
¡y
Abraham salió de ellos! Mas Abraham dijo así: “Puesto que me dedico a hacer
prosélitos, convertiré primero a los de mi familia, pues ellos están antes que
nadie, y más aún – ellos están dispuestos a tomar la buena senda”. En primer
lugar, debe uno preocuparse de sus familiares, que si los tiene, debe procurar
su bien, puesto que está escrito (Yeshayá 58, 7): “No te retires
(despiadadamente) de tu misma carne"”
La Torá
nos enseña que los familiares de uno son previos a otra gente, cuando se trata
de ayudarlos con préstamos, con caridad, o de beneficiarlos. ¿Se puede en verdad
comparar el hacer proselitismo con lo mencionado? Mas aún - ¿era voluntad de
Dios que se fortaleciera y se estrechara el vínculo entre Abraham y su familia?
¿No muestra la orden de: “Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu
padre” que era la voluntad de Dios
que Abraham cortara este vínculo? Que no se le ocurra a nadie pensar que
Abraham quiso salvaguardar la “pureza racial”. No puede haber idea más extraña
al Judaísmo. El versículo citado en Yehoshúa demuestra que Abraham no era
hijo de una progenie distinguida, temerosa de Dios, por el contrario, era hijo
de Teraj y hermano de Najor, pero, sólo él descubrió a su Creador y se convirtió
en Su servidor, mientras que su hermano y toda la descendencia de Teraj
permanecieron paganos. Abraham no eligió para Yitzjak a la hija de una raza
superior como tampoco fue Abraham padre de una “raza”, tal cual lo declara
Rambam en el fallo de la cuestión que le planteara el converso Ovadia de
Bagdad, de si debe pronunciar en la oración “Dios nuestro y de nuestros padres”,
siendo que él no es descendiente de Abraham ni de su raza. Rambam
dictaminó:
Abraham es padre de toda la descendencia
legítima que sigue su camino y padre de todos sus alumnos – los prosélitos – por
tal motivo debes orar: “Nuestro Dios y Dios de nuestros padres, pues Abraham,
q.e.p.d., es tu padre”.
Contra
la opinión del Midrash Hagadol y los que le siguen cabe preguntarse: ¿Acaso
Abraham ordenó que el siervo se dirigiera a su familia y trajera una mujer de la
casa de su padre? ¿Fueron estas las palabras de Abraham?
Puesto que allí leemos
sólo:
Sino
que irás a mi tierra y a mi parentela y tomarás mujer para mi hijo Yitzjak.
24, 4
La
Respuesta a nuestra pregunta depende de la interpretación que se da al término
“Moledet”. Rashí lo interpretó en su comentario al versículo 7 de
nuestro capítulo de la misma manera como la hacemos hoy en día: el lugar de
nacimiento:
“De la casa de mi padre”: de Jarán.
“De la tierra de mi nacimiento”: de Ur Casdim.
Rambán
propone dos posibilidades (aún cuando no identifica el lugar del nacimiento con
Ur Casdim): 1) el lugar, 2) su familia, pero no decide entre ambas.
Aparentemente hay que aceptar la primera explicación, pues vemos de las
peripecias del siervo que no le fue encomendada una dirección determinada, sino
un cierto lugar, por lo que realizó un examen de las hijas del lugar.
La
pregunta principal no es entonces: ¿Porqué lo envió Abraham allí? sino la
primera mitad de la pregunta de Abravanel: ¿Porqué le ordenó que no tomase de
las hijas de los Kenaanitas? Shadal (S.D. Luzatto) piensa que el motivo
fué una preocupación política:
Que si se hubiera aparentado con ellos no
habría sido posible expulsarlos del país, pues serían como hermanos, del mismo
modo que no debían provocar a la guerra a Moab, a Amón y a Edom.
Es
difícil aceptar este argumento puesto que Dios prometió la tierra a sus hijos, e
incluso le señaló los límites y la generación en la que volverían al país, que
no sería suyo hasta que la “maldad del Emorita se hubiera completado”. Nada le
fue dicho de si la tierra sería conquistada por las armas o por algún otro
medio. Abraham preguntó: “¿En que conoceré que la he de heredar?” mas no obtuvo
respuesta. ¿Cómo es posible que Abraham, el creyente por antonomasia, haga
cálculos después de haber recibido una promesa y sellado un pacto? Más aún. Si
sus cálculos fueron políticos, lo que precisamente convenía era emparentarse con
los Kenaanitas y obtener el país mediante matrimonios y herencias. Según parece,
es otro el motivo de la repulsión de las hijas de Kenaan, repulsión que según
vimos no es su causa la diferencia de opiniones y creencias tal como leímos en
Yehoshúa 24-2:
En los
tiempos antiguos vuestros padres habitaban el otro lado del río (Eufrates), es a
saber Teraj, padre de Abraham y padre de Najor, y servían a otros dioses.
La diferencia entre los Kenaanitas y los Arameos era, según parece de
otro carácter. Ran (Rabenu Nisim) responde en tal sentido en uno de sus
discursos:
Los
mandamientos y los delitos enumerados en la Torá son de dos clases: aquellos que
impresionan al cuerpo y al espíritu, tal como lo hacen las cualidades y las
acciones, y aquellos que impresionan solamente al espíritu, tales como las
creencias. Las acciones que impresionan al cuerpo y al espíritu afectan también
a la descendencia de quienes las ejecutan, tales como el odio, la venganza, la
crueldad, la prostitución y la avaricia, que impresionan al espíritu, pues son
pecados, e impresionan al cuerpo pues las cualidades impresionarán a los
humores, del mismo modo que los humores promoverán las cualidades. Así como
cuando la sangre del corazón hierve el hombre es irascible, así también quien se
irrita hará que hierva la sangre en su corazón. Vemos entonces que aquellas
cualidades moldearán los temperamentos, que se transmitirán por herencia a los
hijos: éste es pues el defecto de los Kenaanitas. Pero las acciones que
impresionan sólo al espíritu, es decir, las creencias, a pesar de ser falsas y
defectuosas, no serán necesariamente heredadas a los hijos. Por lo cual, Laván y
Betuel a pesar de ser idólatras, no era necesario que sus ideas pasaran por
herencia a sus hijos, por ello los prefirió Abraham por sobre las hijas de los
Kenaanitas.
Dejemos
a un lado sus conceptos biológicos y hereditarios, basados en la ciencia de su
tiempo y resumamos su opinión de la manera siguiente: Las creencias y las
opiniones de la familia de cuyo seno saldrá la mujer destinada a ser madre del
pueblo judío no ponen en peligro a la nación – sea por herencia biológica o por
medio de la educación – sino los malos hábitos.
La Torá
condena en más de una oportunidad a la gente de Kenaan no sólo como paganos – en
esto no se diferenciaban de ningún otro pueblo de aquel entonces – sino como
ejecutores de acciones abominables. El mismo capítulo, en el que la Torá
prohibe las abominaciones sexuales, y donde declara que nuestra existencia
depende de la observación de los preceptos de la pureza sexual – “en los cuales
vivirá el hombre que los hiciere” – comienza así:
No haréis según práctica de la tierra de Egipto, donde moráaistes.
Ni obraréis conforme al uso de la tierra de Kenaan, adonde Yo os
llevo;
Ni seguiréis sus leyes.
Vayikra 18, 3
Rashí cita
al respecto el comentario de “Torat Kohanim”:
Según
práctica de la tierra de Egipto:
nos enseña que los egipcios y los Kenaaneos eran los más corrompidos de entre
todas las naciones.
Adonde
Yo os llevo:
nos enseña que los pueblos que Israel conquistó eran los más corrompidos de
entre todos los pueblos.
Rabí S. R. Hirsch agregando
otro motivo comenta así la expresión:
De
las hijas de los Kenaanitas entre quienes habito:
la influencia de la mujer Kenaanea sobre su hijo será mucho más fuerte puesto
que habitamos en su medio; mi hijo será influenciado no sólo por su mujer sino
también por su familia, sus parientes y sus amistades.
Lo
que Rabí Hirsch pretende decirnos es que Yitzjak y sus hijos se asimilarán, de
tomar una mujer de las hijas del país; pero si tomará mujer de algún lugar
lejano sería inevitable que ella se asimile en la familia de Abraham.
Por
tal motivo fue extraído Abraham de su tierra para que no tenga contacto con su
familia y para que sea un extraño, él y su descendencia, en otra tierra, con
cuyos habitantes no tendrá contacto, a pesar que lo respetarán; no deseará dar sepultura
a su mujer en sus cementerios ni tampoco tomar mujer entre sus hijas para
Yitzjak.
Nuestros Sabios comentan así el término “ivrí” (=hebreo) con que
fue denominado Abraham: “Todo el mundo está de un lado (= “ever”, de
donde se deriva “ivrí”) y Abraham está del otro lado”.
“Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el
Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la
Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986
págs33 -38.