Yom Kipur - Reflexiones

La bendición de los hijos -  Por Yerahmiel Barylka

Yom Kipur: El día del perdón  - Por Yerahmiel Barylka

 Tomados de: Judaismo, temas escogidos. Ed. Tierra Firme, Mexico DF 1988

 

 

 

La bendición de los hijos

 Por Yerahmiel Barylka

La víspera de Yom Kipur, trae consigo una atmósfera especial producto de distintos estímulos: festividad y majestad frente al arrepentimiento y al temor. Esa tarde más que ninguna otra en el ciclo del año judío constituye un dique frente al incontrolable devenir temporal. Se detiene el tiempo y se detiene el hombre para reflexionar y para avistar el sentido de su existencia, el misterio de lo sucedido y de lo que le espera.

El jeshbón hanefesh, el balance espiritual está por cerrarse y queda muy poco por hacer. Quizás lo más angustiante sea asumir con toda su dimensión el problema de la responsabilidad ante el Hacedor y an­te uno mismo, cuando aún se puede emprender el camino del retorno, de un comienzo que pueda liberar de un pasado demasiado pesado, cuya vacuidad se hace insoportable y muchas veces quita la savia para emprender la ruta que nos lleve a una mayor espiritualidad.

Dónde se encuentra el fervor religioso y el sentimiento, necesarios para volver a nacer, con un balance en cero, si no en uno mismo? "Cuando lo que se cuestiona es el sentido de la existencia, la respuesta ha de ser, necesariamente, mística, patética, estremecida y estremecedora", dice Jaime Barylko.

Quizás por ello, para la toma de conciencia, cercana a la existencia, y como tal a lo más trascendente de la vida, se estableció la costumbre de bendecir a los hijos en la víspera de Yom Kipur, porque habrá quienes, necesiten de los méritos de sus hijos para entender, como tantos otros recurren a los méritos de sus antecesores, para continuar.

Por ello, me permito traducir libremente el texto de una de esas oraciones, que al recitarlas humedecen los ojos de los padres y los prepara para la jornada que se avecina.

"Quiera el Señor depararos suerte igual a la de Efaím y Menashé (para niñas: igual a la de Sara, Riv­ka, Rajel y Lea). D*s te bendiga y te guarde; D*s te ilumine con su presencia y te colme de gracia. D*s te contemple con su inmanencia y te conceda la paz. Que sea la voluntad de nuestro padre que mora en los cielos, que permita en tu corazón Su amor y Su reverencia, y que ante tu rostro esté siempre el respeto hacia El, todos los días de tu vida, para que no peques. Que tu deseo esté en La Torá y en los preceptos, y que tus ojos hacia El se eleven. Que tu boca pronuncie cosas sabias y a tu corazón se adhiera la reverencia. Que tus manos estén ocupadas en el cumplimiento de los mandamientos; que tus piernas corran tras la voluntad de tu Padre Celestial. Que El te conceda hijos e hijas piadosos y justos, entretenidos en la Torá y las mitzvot todos los días de sus existencias. Que tu matriz sea bendecida, y que te provea de sustento lícitamente, con holgura, satisfacción, de Su mano llena, y no por producto de la beneficencia de un ser de carne y sangre. Sustento que esté encaminado al Servicio Divino, y te inscriba y te confirme para una vida larga y buena, junto a todos los piadosos de Israel Amén".

Quizás en las palabras de esta bendición a los hijos, encontremos nuestro propio sentido vital por el cual tanto luchamos. Pero no hay duda que si la pronunciamos con toda nuestra intención y con todo nuestro convencimiento, ayudaremos que la joven generación encuentre el suyo, que es el de empezar una vida renovada, inspirada por la senda judía de lo justo.

Quiera D*s escuchar nuestras plegarias y nuestras bendiciones y confirmarnos para un feliz y próspero año nuevo.

 

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Yom Kipur: El día del perdón

Por Yerahmiel Barylka

 

"El décimo día de este séptimo mes es el día de la expiación. Será un día de santa convocación para vosotros y afligiréis vuestro ser... y no haréis ningún tipo de trabajo en ese mismo día, porque es un día de expiación para vosotros ante el Señor Vuestro D*s... Será para vosotros un Shabat de solemne descanso y afligiréis vuestro ser; en el día noveno del mes por la tarde, de tarde a tarde, guardaréis vuestro Shabat". (Lev. 23: 27-32).

Sábado de Sábados. Es así como se ha designado a este día. Ni alimento ni bebida, ni relaciones sexuales, ni zapatos de cuero. Son algunas de las privaciones. No hay tareas excepto el arrepentimiento y la oración. La jornada transcurre fuera del mundo, en la casa de oración, en el reino de la plegaria.

La víspera

El día precedente está dedicado a los preparativos. Avanzada ya la tarde se sirve una colación festiva que es considerada tanto un deber como el mismo ayuno que la sigue. Se encienden las velas. Los padres bendicen a sus hijos. Algunos hombres acostumbran a vestir los blancos ropajes de la eternidad.

El servicio religioso se inicia con la oración Kal Nidre famosa por su musicalidad y por su texto que declara nulos los votos y las promesas en actos de contricción.

Siguen otras oraciones, entre las que figuran las confesiones que constituyen el tema principal del oficio.

El servicio termina, pero los devotos más piadosos se quedarán para recitar el libro de Salmos.

El día

El día íntegro de Yom Kipur permanecen los judíos en la sinagoga, entregados a sus oraciones. En todas ellas prevalecen la confesión y el arrepentimiento. Muchas de las plegarias son cánticos de alabanza, y otras recuerdan las mil vicisitudes de la grey judía durante su azarosa vida.

Dos veces se extraen del arca los rollos de la Torá, y se procede a la lectura de los capítulos destinados a este día. Entre las oraciones encontramos la Avodá, relación poética recordatoria de las antiguas ceremonias practicadas en el Templo de Jerusalén. En aquellos días, ésta era la única oportunidad del año en que el gran sacerdote penetraba en el santuario, y en que pronunciaba luego, durante las plegarias, el nombre de D*s, arrodillándose entonces la comunidad, presa de gran reverencia.

En la tarde se recita la historia de Jonás, aquel profeta que trató de huir de la misión que le fuera divina­mente encomendada y de la cual jamás pudo escapar.

Cuando las sombras se extienden comienza la oración final pronunciada el Día del Perdón. Es un último ruego de misericordia, una expresión renovada de arrepentimiento.

Las estrellas han aparecido en el cielo, las llamas tiemblan en las velas cuando se abre el arca. La congregación está en pie sumida en reverente silencio.

Este es el momento de la afirmación, de la visión del Reino de D*s. Lentamente, palabra por palabra, la gente recita al unísono:

Shemá Israel... Oye, Oh Israel, H* nuestro D*s, H* es Único. Baruj Shem... Bendito sea Tu glorioso Reino por siempre jamás.

Por siete veces se repite la profesión de fe: "H* ,el Eterno, es nuestro D*s". Cerrándose el oficio con la voz del shofar que en un toque especial recuerda el jubileo.

Entonces harás pasar la trompeta de jubileo en el mes séptimo a los diez del mes; el día de la expiación haréis pasar la trompeta por toda vuestra tierra. (Lev. 25: 9).

En ese año de reparación no debía quedar en todo el país ni un solo siervo, ni un solo propietario desposeído de su parcela. Y en esa evocación de justicia pretérita halla el judío un modelo sobre el cual inspirar su vida en el año que comienza.

 

Despedida de Yom Kipur

Siendo, como es Sábado de los Sábados, Yom Kipur se despide también con una Havdalá, ceremonia con que se da fin a la celebración del sábado, tanto en la sinagoga como en el hogar.

Reunida la familia, a su regreso del templo, siéntanse a la mesa y dan comienzo a la comida, que adquiere un carácter festivo, luego de la cual comienzan los preparativos de la construcción de la Sucá.

 

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