Festividades - Tishabeav - La memoria hist?rica del pueblo

La
memoria histórica del pueblo
"En
tierra están sentados, en silencio,
los
ancianos de la hija de Sión;
se
han echado polvo en su cabeza,
se
han ceñido de sayal.
Inclinan
su cabeza hasta la tierra
las
vírgenes de Jerusalén".
Lamentaciones
II, 10.
Cuando
un pueblo sufre de experiencias por acontecimientos de gran importancia, aprende
a grabar en sus sentimientos esas vivencias y las transmite a las generaciones
venideras que reviven el recuerdo y absorben su significado.
Nuestro
pueblo puede existir como unidad orgánica cuando mantiene la memoria histórica
y las personas permiten la existencia del encadenamiento de generaciones.
Cuando
el Talmud (Taanit 11,A) nos dice: "Que en el tiempo en que Israel está de
duelo y uno de ellos no lo comparte, llegan dos ángeles que acompañan a ese
hombre y colocan sus manos sobre su cabeza diciendo: "Fulano de tal, que
se apartó de la congregación no verá el consuelo de la comunidad";
significándonos que quien rompe con la unidad orgánica y pierde la memoria,
automáticamente se excluye de los sentimientos, y al hacerlo rompe con el
encadenamiento generacional del pueblo de Israel.
Por
ello, el salmista (137,5-6) con su bello, pero admonitorio lenguaje, nos
previene:
"Si
yo de ti me olvido, Jerusalén
se
me olvide mi diestra
mi
lengua se me pegue al paladar
si
pierdo tu recuerdo
si
no pongo a Jerusalén
por
encima de mi gozo"
Ya
que el olvido significa parálisis y exclusión.
En
las tres semanas de duelo que van del 17 de Tamuz al 9 de Av, durante las
cuales nos abstenemos de festejos, comprendemos que el recuerdo no sólo se exterioriza
en esas fechas.
El
duelo es la reacción que se experimenta frente a la pérdida de un ser amado o
de una abstracción equivalente: la patria, la libertad, un ideal, etc.
En
este caso el motivo es la pérdida del foco espiritual de todo un pueblo, del
centro que expresaba el vínculo con D-os y con la tierra y la pérdida de la
independencia.
El
penar por el objeto amado y perdido también implica una dependencia que se
transforma en un incentivo para lograr la reparación y la conservación del
objeto.
Ese
sufrimiento puede hacerse productivo.
El
recordar año tras año la destrucción, nos fue preparando para la reconstrucción.
Al elaborar la expulsión pusimos fuerza en el regreso.
Por
ello, el relato citado del Talmud puede interpretarse también que quien niega
el dolor de la destrucción se impide luchar por la reconstrucción y bloquea
toda posibilidad de consuelo.
Así
el salmista se queja (74,10-11) y exige de D-os que
ya no esconda su diestra, porque el pueblo en su mas profundo dolor, tiene sus
ojos puestos en la reconstrucción.
"Hasta
cuándo, oh D-os, provocará el adversario?
¿Ultrajará
tu nombre por siempre el enemigo?
¿Por
qué retraes tu mano,
y
en tu seno retienes escondida tu diestra?
expresando
su fe en el amparo y la redención" .