Datos e Historia sobre la Jerusalem Jasmonea

 

Datos e Historia sobre 

Jerusalén - la Capital del Estado Jashmoneo 


 

DEPENDENCIA POLITICA Y AUTONOMIA INTERIOR

LOS HELENIZANTES

ANTIOCO IV Y SUS DECRETOS

LA OPOSICION POPULAR A LOS DECRETOS

INICIO DE LA REBELION

LA BODA DE JANA, HIJA DE MATITIAHU

LA LUCHA POR JERUSALEN

RECONQUISTA DE JERUSALEN Y PURIFICACION DEL BET HAMIKDASH

LA FLAMA ETERNA REGRESA AL ALTAR

EL MILAGRO DEL ACEITE

MAOZ TZUR YESHUATI

AMPLIACION DE JERUSALEN

 

 

 

 

 

 

 

DEPENDENCIA POLITICA Y AUTONOMIA INTERIOR

 

 

Jerusalén estuvo bajo el dominio extranjero, desde el regreso a Sión, durante varios siglos. Primero fue conquistada por los Persas. En el ano 333 a.e.c., Alejandro Magno derrotó a los Persas y gobernó todo el Medio Oriente. A su muerte, su imperio se dividió entre la dinastía de Talmai (Ptolomea) que gobernaba en Egipto y la Seléucida que desde Siria dominaba a los países vecinos.

 

Los judíos tuvieron la posibilidad de dirigir sus asuntos internos y sociales según las normas de la Torá y los aspectos religiosos del Bet Hamikdash durante todo este período. El Cohen Gadol - sumo sacerdote - se ocupaba también de cuestiones administrativas, como la reparación de los muros o el mejoramiento de la red de acuíferos. No tenían ejército, no conducían sus relaciones exteriores y debían pagar altos impuestos a los gobernantes extranjeros.

 

 

 

LOS HELENIZANTES

 

 

Alejandro Magno introdujo a todo el Oriente Medio la cultura helénica, que era muy diferente de la judía. La cultura griega

se expresaba en la filosofía, la literatura y el arte; en el deporte y las ciencias marciales, en la construcción y el

diseño. Sus áreas eran: el espíritu, el cuerpo y las cuestiones materiales. Los pueblos dominados trataban de imitar la cultura de sus mandatarios y parte de ellos se asimilaron totalmente y desaparecieron.

 

También en Iehudá habían quienes deseaban ser parte de la cultura griega dominante. La clase alta y los sacerdotes que estaban en contacto con los gobernadores conocían e imitaban la cultura de los invasores: hablaban griego, adoptaron nombres extranjeros, y concurrían a los gimnasios a practicar, desnudos, los deportes de moda recién llegados. La mayoría, celosa de la religión y las costumbres judías, se oponía a la cultura extranjera y a sus hermanos helenizantes. La cultura griega, politeísta, tenía muchos elementos que contradecían a la tradición.

 

Imaginemos a los enérgicos campesinos judíos de los poblados aislados de Judea, fieles a sus tradiciones, ascender a Jerusalén para ver al Cohen Gadol quitarse sus ropas ceremoniales al salir de los solemnes servicios, dirigiéndose rumbo a los juegos que se realizaban en el gimnasio.

 

Mientras los judíos tradicionales veían a los helenizantes como apóstatas y traidores, éstos se sentían pertenecer a la vanguardia de la modernidad y despreciaban a sus hermanos tildándolos de fanáticos y retrógrados.

 

 

ANTIOCO IV Y SUS DECRETOS

 

Antíoco IV, uno de los reyes de la dinastía de los Seléucidas, que gobernó en Siria y en el territorio de Israel, ascendió al trono en el año 175 a.e.c. A diferencia de sus predecesores helénicos y persas, decidió entrometerse en los aspectos religiosos, con el objetivo de unificar a todos los pueblos dominados. Prohibió el cumplimiento de las mitzvot y obligó la adopción de las costumbres griegas.

 

En nuestras fuentes podemos leer la reacción que ello provocó en los judíos:

 

"También a Jerusalén y a las ciudades de Iehudá el rey hizo llegar, por medio de mensajeros, el edicto que ordenaba seguir costumbres extrañas al país. Debían suprimir holocaustos, sacrificios y libaciones del santuario; profanar los shabatot y las fiestas; mancillar el santuario y todo lo sagrado, levantar altares, recintos sagrados y templos idolátricos; sacrificar puercos y animales impuros; dejar a sus hijos sin el brit milá (circuncisión); volver abominables sus almas con toda clase de impurezas y profanaciones, de modo que olvidasen la Ley y cambiasen todas las costumbres. El que no obrara conforme a la orden del rey, moriría"... (I Macabim 1: 44-50).

 

 

LA OPOSICION POPULAR A LOS DECRETOS

 

Quienes estaban en proceso de helenizarse, aceptaron facilmente los decretos, pero muchos otros se opusieron y entre ellos había quienes estaban incluso dispuestos a ofrendar su vida en defensa de la Torá y del cumplimiento de las Mitzvot.

 

Leemos en I Macabim (1:60-61 ): "A las mujeres que hacían circuncidar a sus hijos las llevaban a la muerte, conforme

al edicto, con sus criaturas colgadas al cuello. La misma suerte corrían sus familiares y los que habían efectuado la

circuncisión". El relato acerca de Janá y sus siete hijos que no aceptaron el culto politeísta y pagaron con sus vidas

es uno de los más conocidos.

 

En esos difíciles días, Antíoco nombró a Filipos como gobernador de Jerusalén y le ordenó que obligue a los judíos a posternarse ante la estatua del rey (que en muchos casos se consideraba divino) y sacrificar un puerco. Filipo supuso que si convenciera a un anciano a cumplir con su orden podría influenciar sobre todo el pueblo. Eligió a Eleazar uno de los cohanim más importantes y cuando éste se negó, le brindó una elegante salida: le serviría comida casher para hacerle creer a la multitud que estaba ingiriendo carne porcina [Eleazar no estaría haciendo aparentemente nada prohibido..., y Filipo demostraría su poder...

 

Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando Eleazar contestó: "Ya tengo 90 años. Si hiciese lo que me solicitas, todos los jóvenes dirían: - Eleazar el nonagenario, comió puerco con tal de salvar su pellejo, qué pueden entonces exigirnos a nosotros?

- Prefiero morir - dijo Eleazar - para ser ejemplo para todo el pueblo...

 

Filipo, al no poder doblegarlo ordenó se le golpeara hasta que Eleazar murió. (Sefer Iosifon 14)

 

 

 

INICIO DE LA REBELION

 

El Libro Macabim, nos relata el inicio de la rebelión contra los griegos. Un destacamento de soldados griegos llegó a la ciudad de Modiín para obligar a sus residentes a sacrificar un puerco ante los dioses helénicos. Un oficial se dirigió a Matitiahu, sacerdote de la familia Jashmonea:

 

"Los enviados del rey, encargados de imponer la apóstatas, llegaron a la ciudad de Modiín para los sacrificios. Muchos

israelitas acudieron donde ellos. Matitiahu y sus hijos fueron convocados. Los enviados del rey se dirigieron a Matitiahu: 'Tú eres jefe ilustre y poderoso en esta ciudad y estás bien apoyado por hijos y hermanos. Acércate, pues, el primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las naciones, los notables de Iehudá y los que han quedado en Jerusalén. Entonces tú y tus hijos seréis contados entre los amigos del rey, y os veréis honrados, con plata, oro y muchos beneficios'".

 

Matitiahu contestó con fuerte voz: "Aunque todas las naciones que forman el imperio del rey le obedezcan hasta abandonar cada uno el culto de sus padres y acaten sus órdenes, yo, mis hijos y mis hermanos, nos mantendremos en la Alianza de nuestros padres. El Cielo nos guarde de abandonar la ley y los preceptos. No obedeceremos las órdenes del rey, para desviarnos de nuestro culto ni a la derecha ni a la izquierda".

 

Apenas había concluído de pronunciar estas palabras, cuando un judío se adelantó, a la vista de todos, para sacrificar en el altar de Modiín, conforme al decreto real. Al verle Matitiahu, se inflamó de indignación y se estremecieron sus entrañas.

Encendido en justa cólera, corrió y le degolló sobre el altar. Luego mató también al enviado del rey que obligaba a

sacrificar y destruyó el altar... Seguidamente, Matitiahu gritó: "Todo aquel que sienta celo por la Ley y mantenga la Alianza que me siga". Dejando en la ciudad cuanto poseían, él y sus hijos huyeron a las montañas. (I Macabim, 2: 15-28)

 

 

LA BODA DE JANA, HIJA DE MATITIAHU

Otro relato acerca del heroico inicio de la sublevación macabea nos cuenta que los invasores decretaron que toda novia debía ser poseída por el gobernador en su noche de bodas.

 

Durante más de tres años, los judíos se abstuvieron de celebrar casamientos para evitar ese oprobio. Un buen día, Jana , hija de Matitiahu, el Cohen Gadol, organizó su boda a la que invitó a una multitud y a las más distinguidas personalidades. En un momento de la fiesta, desde su sitial de honor, pidió que los invitados se le acercaran y desgarró su bello vestido quedando desnuda. La gente, estupefacta, sin entender, bajó sus ojos al suelo, pero sus hermanos se acercaron a ella muy molestos e indignados, con intención de castigarla.

 

Jana , rompió el tenso silencio, diciendo: "Ustedes, mis amigos y familiares, están indignados y enojados conmigo y quisiesen matarme por la verguenza que yo me he infringido, pero, sin embargo estuvieron dispuestos a entregarme ésta misma noche para que el gobernador extranjero yaciese conmigo!". El acto y las palabras de la joven novia obligaron a que los presentes tomaran conciencia y decidieron que vestirían a Jana con ropas lujosas y la llevarían ante el Rey.

 

Ante el soberano expresaron: "Somos los hijos del Sumo Sacerdote y no queremos entregar a nuestra hermana en su noche de bodas al gobernador, ya que ella sólo es digna de su majestad". El rey aceptó gustoso la sugerencia y cuando los hijos de Matitiahu introdujeron a Janá  a los aposentos reales, lo capturaron y mataron. A continuación salieron para apresar y matar a los guardianes y a los servidores del palacio.

 

Así dio comienzo la rebelión Jashmonea.

 

(M. I. Ben Gurión, Mimakor Israel A; Y. D. Eisenstein, Otzar Midrashim; Janucá)

 

 

 

LA LUCHA POR JERUSALEN

Antíoco envió a distintos militares para que aplaquen la rebelión macabea, pero sus esfuerzos no fueron fáciles. Los judíos que se movían en el desierto y en zonas de difícil acceso que conocían muy bien, estaban convencidos de su objetivo: rescatar a Jerusalén de sus opresores.

 

"Pero Jerusalén estaba despoblada como un desierto,

ya sus hijos no entraban ni salían,

su santuario conculcado por las huellas de los pies extranjeros.

Iaacov perdió su alegría,

la flauta y la lira habían enmudecido".

(I Macabim 3:45)

 

El lugar que ocupaba la alegría de los peregrinos fue llenado por la pesadumbre de la nostalgia. Iehudá, el hijo de Matitiahu, nombrado comandante de los luchadores no se dejó vencer por la difícil situación. Alentaba al pueblo a luchar y rebelarse. En la batalla de Emaús, superó con "tres mil hombres que no tenían las armas defensivas y las espadas que hubiesen querido a los cinco mil gentiles fuertes, bien atrincherados, rodeados de la caballería y todos diestros en la guerra"... (4: 6 y 7).

 

Antes de la batalla, como era su costumbre, exhortó a su tropa:

 

"Preparaos, revestíos de valor y estad dispuestos mañana temprano para entrar en batalla con estos gentiles que se han coligado contra nosotros para destruírnos y destruir nuestro Lugar Santo. 'Lo que el Cielo tenga dispuesto, lo cumpliré ".

(I Macabim 3: 58-60)

  

 

 

RECONQUISTA DE JERUSALEN Y PURIFICACION DEL BET HAMIKDASH

 

El triunfo de las escasas y pobremente equipadas tropas frente a una potencia es uno de los ejemplos más característicos de lo que logra la fuerza del espíritu en las luchas fundamentales.

 

En el año 164 a.e.c., tres años después del estallido de la rebelión, los judíos regresaron a Jerusalén como triunfadores:

"Iehudá y sus hermanos dijeron: 'Nuestros enemigos están vencidos; subamos, pues, a purificar el Lugar Santo y a celebrar su dedicación'. Se reunió todo el ejército y subieron al monte Sión. Cuando vieron el santuario desolado, el altar profanado, las puertas quemadas, arbustos nacidos en los atrios como en un bosque o en un monte cualquiera, y las salas destruídas, rasgaron sus vestidos, dieron muestras de gran dolor y pusieron ceniza sobre sus cabezas. Cayeron luego rostro en tierra y a una señal dada por las trompetas, alzaron sus clamores al Cielo". (I Macabim 4:36-40).

 

Iehudá y sus hombres limpiaron la tierra, repararon el edificio y erigieron un altar nuevo en el lugar donde se encontraba el

profanado por los griegos.

 

 

 

LA FLAMA ETERNA REGRESA AL ALTAR

 

Un relato nos cuenta que cuando, al finalizar la construcción del nuevo altar, Iehudá y sus hombres colocaron sobre él maderos, ofrendaron el primer sacrificio y se dispusieron a quemarlo, no encontraron el fuego sagrado y estaba prohibido usar fuego profano. Elevaron sus oraciones al Todopoderoso, y de las piedras del altar salió un fuego que abrazó las maderas. Ese fuego permaneció encendido hasta la destrucción del Templo por los romanos.  

 

El altar fue inaugurado el 25 de kislev, día en el que festejamos Janucá.

 

 

 

EL MILAGRO DEL ACEITE

 

La Menorá  se encendía con aceite purificado de oliva de la mayor calidad, que era guardado de contaminación en recipientes especiales, sellados herméticamente con el sello del Cohen Gadol. El Talmud nos relata: "Cuando los griegos entraron al santuario profanaron todos los aceites y cuando los Jasmoneos los vencieron, revisaron y sólo encontraron un jarrito de aceite guardado con el sello del Cohen Gadol.

 

Su contenido alcanzaba para una sola noche, pero se produjo un milagro y pudieron encender de él durante ocho días. Al año siguiente, se estableció convertirlos en días festivos en los que se elevan alabanzas y loas al Creador". (Talmud Babilónico, Shabbat 21b)

 

Janucá, fijada hace más de 2000 años, se continúa festejando hasta el día de hoy en todo lugar donde se encuentren judíos.

 

 

MAOZ TZUR YESHUATI

 

Esta canción que se entona después del encendido de las velas de Janucá, fue compuesta en el S. XIII en Alemania, por un autor del cual se conoce sólo su nombre: Mordejay, que se puede leer por las letras que se encuentran al inicio de cada fragmento, como acróstico.

 

El himno Maoz Tzur que se entona con bello ritmo, relata la salvación de los judíos de distintas amenazas y acosos, desde la salida de Egipto, el regreso a Sión después del exilio babilónico, la salvación en tiempos de Ester y Mordejay, hasta el milagro de Janucá.

 

"­Oh, fortaleza mía y bastión salvador!

Digno eres de mis loores.

Restaura mi casa de oración"...

 

..."Helenos con sarna me acosaron,

En tiempos jasmoneos, más tarde,

Mis torres y muros con furia derribaron

Y los sagrados olios quedaron profanados.

Lo que de un jarrito se había salvado

Fue objeto del milagro que hoy celebramos

Ocho días de himnos, cantos y loores"...

 

 

 

AMPLIACION DE JERUSALEN

 

Durante la dinastía jashmonea creció la población de la ciudad y se construyeron muchos edificios, viviendas y palacios. Los reyes tenían su residencia en las cercanías del Templo. Extendieron la muralla de la ciudad para dejar dentro de sus límites a las nuevas construcciones. Extramuros construyeron fastuosos panteones, algunos, como Iad Avshalom, existen hasta el día de hoy. En las excavaciones arqueológicas se encontraron restos de las obras del gobierno jasmoneo de la ciudad de Jerusalén.

   

 

 


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Actualizado: 5 de Noviembre, 2002


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